V. I. Lenin
A LOS POBRES DEL CAMPO
Explicación a los campesinos de lo que quieren los
Socialdemócratas
Escrito: En la primera quincena de marzo de 1903.
Primera vez publicado: Publicado por vez primera en forma
de folleto en mayo de 1903, en Ginebra, por la Liga de la Socialdemocracia
Revolucionaria en el Extranjero. Recibió una edición posterior en 1905.
Digitalización Digital: Julio Rodríguez, 2011.
Fuente del texto: V. I. Lenin, Obras Completas, tomo 7.
Moscú: Editorial Progreso, 1981, pp. 135-216.
Esta Edición: Marxists Internet Archive, Mayo de 2011.
1. LA LUCHA DE LOS OBREROS EN LAS CIUDADES
Muchos campesinos habrán oído hablar probablemente de la
agitación obrera existente en las ciudades. Algunos de ellos habrán estado en
las capitales y en las fábricas, y tenido ocasión de presenciar los motines,
como los llama la policía. Otros conocerán a algunos de los obreros que
participaron en los disturbios y que fueron confinados en aldeas por las
autoridades. A poder de unos habrán llegado octavillas y folletos sobre la
lucha de los obreros. Otros, por último, habrán oído hablar a personas avezadas
de lo que está sucediendo en las ciudades.
Antes sólo se rebelaban los estudiantes, pero ahora se
han levantado en todas las grandes ciudades miles y decenas de miles de
obreros. En la mayoría de los casos, luchan contra sus patronos, contra los
fabricantes, contra los capitalistas. Los obreros declaran huelgas, suspenden
todos a un tiempo el trabajo en la fábrica, reclaman aumento de salarios y
exigen que no se les obligue a trabajar once horas por día, ni diez, sino sólo
ocho. Exigen también otras cosas que alivien la vida de los trabajadores.
Quieren que los talleres estén en mejores condiciones, que en las máquinas se
instalen dispositivos especiales para evitar los accidentes de quienes las
manejan; que sus hijos puedan ir a la escuela, que se atienda debidamente a los
enfermos en los hospitales, que las viviendas obreras sean habitaciones humanas
y no perreras.
La policía interviene en la lucha obrera. Detiene a los
obreros, los mete en la cárcel, los deporta sin proceso a sus pueblos natales y
hasta los destierra a Siberia. El Gobierno prohíbe por medio de leyes las
huelgas y las reuniones de los obreros. Pero éstos luchan contra la policía y
contra el Gobierno. Los obreros dicen: ¡Nosotros, los millones de obreros,
hemos doblado ya bastante nuestras espaldas! ¡Ya hemos trabajado bastante para
los ricachos sin salir de la miseria! ¡Hemos permitido ya que nos saquearan
bastante! ¡Queremos unirnos, unir a todos los obreros en una gran agrupación
obrera (un partido obrero) y luchar, todos juntos, por una vida mejor!
¡Queremos lograr una organización nueva y mejor de la sociedad, en la que no
haya ricos ni pobres y en la que todos tengan que trabajar! ¡Que no sea un
puñado de ricachos, sino todos los trabajadores los que se aprovechen de los
frutos del trabajo de todos! ¡Que las máquinas y otros perfeccionamientos
faciliten el trabajo de todos y no sirvan para enriquecer a unos cuantos a
costa de millones y millones de hombres del pueblo! Esta sociedad nueva y mejor
se llama sociedad socialista. La doctrina que trata de esta sociedad se llama
socialismo. Las agrupaciones de obreros constituidas para luchar por esta
organización mejor de la sociedad se denominan partidos socialdemócratas. Estos
partidos existen legalmente en casi todos los países (con excepción de Rusia y
de Turquía), y nuestros obreros, unidos a los socialistas procedentes de la
gente instruida, han organizado también un partido de este tipo: el Partido
Obrero Socialdemócrata de Rusia.
El Gobierno lo persigue, pero el Partido existe en la ilegalidad,
pese a todas las prohibiciones; edita[1] sus periódicos y libros, y organiza
asociaciones clandestinas. Y los obreros no sólo se reúnen clandestinamente,
sino que, además, salen a la calle en masa desplegando banderas con estas
inscripciones: "¡Viva la jornada de ocho horas! ¡Viva la libertad! ¡Viva
el socialismo!" El Gobierno persigue ferozmente a los obreros por esto.
Hasta manda tropas para que disparen contra ellos. Los soldados rusos han
asesinado a obreros rusos en Yaroslavl, Petersburgo, Riga, Rostov del Don y
Zlatoúst.
Pero los obreros no se rinden. Prosiguen su lucha. Dicen:
ni las persecuciones, ni la cárcel, ni la deportación o el presidio, ni la
muerte, nos intimidarán. Nuestra causa es justa. Luchamos por la libertad y la
felicidad de todos los que trabajan. Luchamos por liberar de la violencia, la
opresión y la miseria a decenas y centenares de millones de hombres del pueblo.
Los obreros van adquiriendo cada vez mayor conciencia. El número de
socialdemócratas crece con rapidez en todos los países. Venceremos, pese a
todas las persecuciones.
Es necesario que los pobres del campo comprendan con
claridad quiénes son estos socialdemócratas, qué quieren y cómo se debe actuar
en el campo para ayudarles a conquistar la felicidad del pueblo.
2. ¿QUE QUIEREN LOS SOCIALDEMOCRATAS?
Los socialdemócratas rusos aspiran, ante todo, a la
libertad política. Necesitan esta libertad para unir amplia y abiertamente a
todos los obreros rusos en la lucha por una organización nueva y mejor de la
sociedad, por una sociedad socialista.
¿Qué es la libertad política?
Para comprender esto, el campesino debe, ante todo,
comparar su libertad actual con el régimen de la servidumbre. Bajo el régimen
de la servidumbre el campesino no podía casarse sin permiso de su
terrateniente. Ahora puede contraer matrimonio sin permiso de nadie. Bajo el
régimen de la servidumbre tenía que trabajar obligatoriamente para su señor
durante los días que indicara el administrador de éste. Ahora el campesino
puede elegir libremente para qué patrono, en qué días y por qué remuneración
trabajará. Bajo el régimen de la servidumbre, el campesino no podía abandonar
la aldea sin la autorización del señor. Ahora es libre de ir adonde quiera, si
la comunidad se lo consiente, si no tiene deudas atrasadas, si le dan
pasaporte, si el gobernador o el isprávnik no le prohíben cambiar de lugar de
residencia. De modo que tampoco ahora goza el campesino de plena libertad de
movimiento, que sigue siendo, todavía hoy, un semisiervo. Más adelante
explicaremos en detalle por qué el campesino ruso sigue siendo un semisiervo y
cómo puede salir de esta situación.
Bajo el régimen de la servidumbre, el campesino no podía
adquirir propiedades sin licencia del señor, no podía comprar tierras. Ahora es
libre de adquirir toda clase de propiedades (pero tampoco actualmente posee
plena libertad para salir de la comunidad ni para disponer de su propia tierra
como le plazca). Bajo el régimen de la servidumbre, el campesino podía ser
azotado por el terrateniente. Ahora no puede ser azotado por su terrateniente,
aunque hasta hoy no se ha liberado de los castigos corporales.
Esta libertad a que nos referimos se llama libertad
civil; libertad para los asuntos de familia, para los asuntos personales, para
lo relacionado con los bienes. El campesino y el obrero son libres (aunque no
del todo) para organizar su vida familiar y sus asuntos personales, así como
para disponer de su trabajo (elegir un patrono) y de sus bienes.
Pero ni los obreros rusos, ni el pueblo ruso en su
conjunto gozan, hasta hoy, de libertad de administrar sus asuntos públicos. El
pueblo como un todo sigue siendo un siervo de los funcionarios públicos, ni más
ni menos que los campesinos lo eran de los terratenientes. El pueblo ruso no
tiene derecho a elegir a los funcionarios, no tiene derecho a elegir a sus
representantes, encargados de elaborar las leyes para todo el Estado. El pueblo
ruso no tiene siquiera derecho a organizar reuniones para discutir los asuntos
de Estado. Sin autorización de los funcionarios, que nos son impuestos sin
nuestro consentimiento, lo mismo que el señor, en los viejos tiempos, designaba
al administrador de la finca sin el consentimiento de los campesinos, no
podemos siquiera imprimir periódicos y libros, ni hablar de los asuntos de
Estado ante todos y para todos.
Así como los campesinos eran esclavos de los
terratenientes, así el pueblo ruso sigue siendo todavía esclavo de los
funcionarios. Así como los campesinos, bajo el régimen de la servidumbre, no
gozaban de libertad civil, así el pueblo ruso sigue careciendo, todavía hoy, de
libertad política. La libertad política es la libertad del pueblo para disponer
de los asuntos públicos, de los asuntos de Estado. La libertad política es el
derecho del pueblo de elegir a sus representantes (diputados) a la Duma de
Estado[2] (parlamento). Todas las leyes deben discutirse y aprobarse, todos los
impuestos y tributos deben ser fijados sola y exclusivamente por la Duma de
Estado (parlamento), elegida por el mismo pueblo. La libertad política es el
derecho del pueblo a elegir él mismo a todos los funcionarios, a organizar toda
clase de reuniones para discutir los asuntos de Estado, a editar sin necesidad
de permiso alguno los libros y los periódicos que se quiera.
Todos los demás pueblos europeos conquistaron desde hace
mucho tiempo su libertad política. Sólo en Turquía y en Rusia el pueblo sigue
viviendo en la esclavitud política, bajo el Gobierno del sultán y bajo el
Gobierno autocrático zarista. La autocracia zarista representa el poder
ilimitado del zar. El pueblo no interviene para nada ni en la estructuración ni
en la administración del Estado. El zar, por sí y ante sí, promulga todas las
leyes y designa a todos los funcionarios, haciendo uso de su poder unipersonal,
ilimitado y absoluto. Pero el zar, por supuesto, no puede ni siquiera conocer
todas las leyes de Rusia ni a todos los funcionarios de Rusia. El zar no puede
ni siquiera saber lo que sucede en el país. El zar se limita, sencillamente, a
ratificar la voluntad de unas cuantas decenas de funcionarios, los más
poderosos y encumbrados. Un solo hombre, por mucho que lo deseara, no podría
gobernar un Estado tan inmenso como Rusia. A Rusia no la gobierna el zar —la
autocracia ejercida por una sola persona es sólo una manera de decir—, sino un
puñado de funcionarios, los más ricos y encumbrados. El zar sólo se entera de
lo que a este puñado de funcionarios le place comunicarle. No le es posible
oponerse a la voluntad de este puñado de aristócratas de alta alcurnia: él
mismo es terrateniente y aristócrata; ha vivido desde su infancia entre los
aristócratas, quienes lo criaron y lo educaron; lo único que sabe del pueblo
ruso es lo que saben también estos aristócratas cortesanos, ricos
terratenientes y escasos comerciantes acaudalados que tienen acceso a la Corte.
No hay administración de subdistrito en que no se vea un
cuadro representando al zar Alejandro III, padre del monarca actual. Aparece
pronunciando un discurso ante los síndicos rurales que asistieron a su
coronación. El zar les ordena: "¡Obedeced a vuestros mariscales de la
nobleza!" El actual zar, Nicolás II, ha vuelto a decir lo mismo. Esto
significa que los propios zares reconocen que sólo pueden gobernar el Estado
con ayuda de los nobles, por medio de ellos. Hay que recordar bien estas
palabras del zar sobre la obediencia de los campesinos a los nobles. Conviene
comprender con claridad cómo mienten al pueblo quienes se esfuerzan por
presentar el Gobierno zarista como el mejor de los gobiernos. En otros países
-dicen- el gobierno es electivo: allí son elegidos los ricos y éstos gobiernan
de modo injusto, oprimiendo a los pobres. En Rusia, en cambio, los gobernantes
no son electivos, sino que el zar autocrático lo gobierna todo. El zar está por
encima de todos, pobres y ricos. El zar hace justicia a todos por igual, lo
mismo a los ricos que a los pobres.
Estas palabras son pura hipocresía. `Podo ruso sabe cuál
es la justicia de nuestro Gobierno. Sabe si en nuestro país un simple obrero o
un jornalero agrícola puede o no formar parte del Consejo de Estado. Mientras
que en todos los demás países europeos, en cambio, obreros de las fábricas y
jornaleros del campo han podido llegar a ser miembros de las Dumas de Estado
(parlamentos) y hablar libremente a todo el pueblo sobre la calamitosa vida de
los obreros y llamar a éstos a unirse y luchar por una vida mejor. Y nadie se
ha atrevido a interrumpir a los elegidos por el pueblo, ni un solo policía ha
osado tocarles.
En Rusia no hay gobierno electivo, están en el poder no
solamente los ricos y los nobles, sino los peores entre ellos. Gobiernan los
más hábiles soplones de la Corte del zar, los que mejor saben poner
zancadillas, los que mienten y calumnian ante el zar, los que adulan y halagan.
Y gobiernan en secreto, sin que el pueblo sepa ni pueda saber qué leyes se
prepara, qué guerras se trama, qué nuevos impuestos van a decretarse, a qué
funcionarios se condecorará y por qué, y a cuáles se va a destituir[3]. En
ningún país existe tal multitud de funcionarios como en Rusia. Estos
funcionarios se alzan como una selva sombría ante el pueblo mudo, y el simple
obrero jamás logra abrirse paso a través de ella, ni consigue que se le haga
justicia. Nunca sale a la luz una sola queja contra los funcionarios, por sus
concusiones, saqueos y violencias, pues el papeleo burocrático se encarga de
archivarla. La voz del hombre aislado nunca llega a todo el pueblo, sino que se
pierde en esa selva oscura o es estrangulada en las mazmorras policíacas. El
ejército de funcionarios, a quienes el pueblo no ha elegido y que no tiene por
qué darle cuentas, se ha encargado de urdir una espesa telaraña, en la que la
gente forcejea como las moscas[4].
La autocracia zarista es una autocracia de funcionarios.
Es el sometimiento feudal del pueblo a los funcionarios, y sobre todo a la
policía. La autocracia zarista es una autocracia policíaca.
He ahí por qué los obreros salen a la calle con banderas
en las que se lee: "¡Abajo la autocracia!", "¡Viva la libertad
política!" He ahí por qué las decenas de millones de campesinos pobres
deben apoyar, hacer suyo este grito de combate de los obreros de la ciudad.
Como ellos, los obreros del campo y los campesinos pobres, sin temer las persecuciones, sin amilanarse ante ninguna clase de
amenazas y violencias por parte de sus enemigos, sin desconcertarse ante los
primeros reveses, deben lanzarse a la lucha decisiva por la libertad de todo el
pueblo ruso, y exigir ante todo la convocatoria de una asamblea de
representantes del pueblo. ¡Que el pueblo mismo elija, en toda Rusia, a sus
representantes (diputados)! ¡Que estos diputados formen una asamblea suprema
que constituya en Rusia un gobierno electivo, libere al pueblo de su
sometimiento feudal a los funcionarios y a la policía, y le asegure la libertad
de reunión, de palabra y de prensa!
Esto es lo que quieren, en primer lugar, los socialdemócratas.
Ese es el significado de su primera reivindicación: libertad política[5].
Sabemos que la libertad política, la libertad para elegir
representantes a la Duma de Estado (parlamento), la libertad de reunión y de
prensa, por sí solas, no liberarán de repente al pueblo trabajador de la
opresión y la miseria. No existen en el mundo medios capaces de liberar de
repente a los pobres de la ciudad y el campo de la necesidad de trabajar para
los ricos. El pueblo trabajador no puede confiar en nadie, sólo puede contar
consigo mismo. Nadie liberará al trabajador de la miseria, si no se libera él
mismo. Y para liberarse, los obreros deben unirse en todo el país, en toda
Rusia, en una sola agrupación, en un solo partido. Pero los millones de obreros
no podrán unirse si el Gobierno autocrático policiaco prohíbe todas las
reuniones, todos los periódicos obreros, todas las elecciones para que los
obreros designen a sus representantes. Para poder unirse deben tener el derecho
de organizar toda clase de agrupaciones, gozar de libertad para asociarse, de
libertad política.
La libertad política no liberará inmediatamente al pueblo
obrero de la miseria, pero proporcionará a los obreros el arma para luchar
contra ella. No hay ni puede haber otro medio de lucha contra la miseria que la
unión de los obreros mismos. Pero sin libertad política será imposible que se
unan los millones de hombres del pueblo.
En todos los países europeos en que el pueblo conquistó
la libertad política, hace ya mucho tiempo que los obreros empezaron a unirse.
Estos obreros, que no poseen ni tierras ni talleres, que trabajan toda la vida
para otros por un jornal, se llaman en toda Europa proletarios. Hace más de
cincuenta años resonó el llamamiento a la unión del pueblo obrero:
"¡Proletarios de todos los países, uníos!" En los últimos cincuenta
años, estas palabras han recorrido todo el mundo y se repiten hoy en decenas y
cientos de miles de asambleas obreras, pueden leerse en millones de folletos y
periódicos socialdemócratas publicados en todos los idiomas.
Claro está que unir en una sola agrupación, en un solo
partido, a millones de obreros es una empresa dificilísima, que requiere
tiempo, firmeza, tenacidad y valentía. Los obreros viven agobiados por la
pobreza y la miseria, embotados por los eternos trabajos forzados que realizan
para los capitalistas y los terratenientes; a menudo ni siquiera disponen de
tiempo para pensar por qué viven condenados a perpetua privación y cómo podrían
librarse de ella. Por todos los medios se impide que los obreros se unan:
mediante la violencia descarada y brutal, en países como Rusia, donde no existe
la libertad política, o negándoles el trabajo a quienes predican la doctrina
socialista; o recurriendo, por último, al engaño y a la corrupción. Pero ni la
violencia ni la persecución serán capaces de detener a los obreros proletarios
que luchan por la grandiosa causa de liberar a todo el pueblo trabajador de la
miseria y la opresión. El número de obreros socialdemócratas crece sin cesar.
En un Estado vecino al nuestro, en Alemania, existe un gobierno electivo.
Antes, también, en Alemania gobernaba una monarquía absoluta con poderes
ilimitados. Pero hace ya mucho tiempo, más de cincuenta años, que el pueblo
alemán destruyó el absolutismo y conquistó la libertad política. En Alemania,
las leyes no son dictadas por un puñado de funcionarios, como en Rusia, sino
por la asamblea de representantes elegidos por el pueblo, el parlamento o
Reichstag, como la llaman los alemanes. Todos los varones adultos tienen
derecho al voto para elegir los diputados a esta asamblea. Esto permite
calcular cuántos votos fueron emitidos en favor de los socialdemócratas. En 1887
votó por los socialdemócratas la décima parte de los electores. En 1898 (año en
que se realizaron las últimas elecciones al Reichstag alemán) el número de
votos depositados en favor de los socialdemócratas casi se triplicó. Esa vez
votó por ellos más de la cuarta parte de todos los electores. Más de dos
millones de varones adultos eligieron para el parlamento[6] a diputados
socialdemócratas. En Alemania, el socialismo aún se halla poco extendido entre
los obreros del campo, pero ahora comienza a hacer rápidos progresos también
allí. Y cuando la masa de los braceros, jornaleros y campesinos pobres e
indigentes se una a sus hermanos de la ciudad, los obreros alemanes vencerán e
instaurarán un régimen en el que los trabajadores no vivirán ya en la miseria y
la opresión.
Ahora bien, ¿de qué manera se proponen los obreros
socialdemócratas liberar al pueblo de la miseria?
Para saberlo, hay que comprender con claridad de dónde
proviene la miseria a que se halla condenada la inmensa masa del pueblo en el
presente régimen social. Crecen ricas ciudades, se edifican lujosas tiendas y
casas, se construyen ferrocarriles, se introduce toda clase de máquinas y
perfeccionamientos tanto en la industria como en la agricultura, mientras
millones de hombres del pueblo no consiguen salir de la miseria y siguen
trabajando toda su vida para sostener a duras penas a su familia. Más aún: el
número de obreros desocupados es cada vez mayor. Aumenta constantemente, tanto
en la ciudad como en el campo, la masa de gente que no logra encontrar ningún
trabajo. En las aldeas esta gente sufre hambre, en las ciudades pasa a engrosar
las bandas de vagos y maleantes83, vive hacinada como bestias en las covachas
de los arrabales o en sótanos y tugurios espantosos, como los del mercado de
Jítrov, en Moscú.
¿Cómo explicarse esto? ¿Cómo explicarse que, mientras
aumentan la riqueza y el lujo, los millones y millones de seres que con su
trabajo crean todas las riquezas, permanezcan en la pobreza y en la penuria?
¿Que los campesinos mueran de hambre y los obreros callejeen sin trabajo,
mientras los comerciantes exportan de Rusia millones de puds de trigo y las
fábricas están paradas porque no pueden vender en ninguna parte sus mercancías,
pues no hallan salida para ellas?
Esto sucede, ante todo, porque la gran mayoría de las
tierras, al igual que las fábricas, los talleres, las máquinas, los edificios,
los barcos, etc., pertenecen a un puñado de ricachones. En estas tierras, en
estas fábricas y talleres, trabajan decenas de millones de hombres del pueblo,
y, sin embargo, fábricas, talleres y tierras son propiedad de unos miles o
decenas de miles de ricos, terratenientes, comerciantes y fabricantes. El
pueblo trabaja para estos ricachos por un jornal, por un salario, por un pedazo
de pan. Todo lo que los obreros producen, después de cubrir su mísero sustento,
va a parar a manos de los ricos, constituye su ganancia, sus
"rentas". Todos los beneficios derivados del empleo de máquinas, de
las mejoras introducidas en el trabajo, favorecen a los propietarios de tierras
y a los capitalistas, quienes acumulan riquezas sin cuento, mientras a los
trabajadores les corresponden sólo unas cuantas migajas. Los trabajadores se
reúnen para trabajar; en las extensas fincas y en las grandes fábricas trabajan
centenares y a veces millares de obreros. Esta labor conjunta, con el empleo de
las máquinas más diversas, hace que el trabajo resulte más productivo: un solo
obrero produce, así, mucho más que decenas que trabajan por separado y sin la
ayuda de máquinas. Pero los que se aprovechan de este trabajo más productivo,
no son los trabajadores, sino el insignificante número de grandes
terratenientes, comerciantes y fabricantes.
Es frecuente oír que los terratenientes y comerciantes
"dan trabajo" al pueblo, "dan" salario a la gente pobre. Se
dice, por ejemplo, que a los campesinos de una localidad "les da de
comer" la fábrica vecina o la finca cercana". En realidad, son los
obreros quienes con su trabajo se alimentan ellos mismos y alimentan a cuantos
no trabajan.
Pero por el permiso para trabajar en las tierras del
terrateniente, en la fábrica o en el ferrocarril, el obrero entrega
gratuitamente al propietario todo lo que produce, recibiendo sólo su mísero
sustento. Esto significa, en realidad, que no son los terratenientes ni los
comerciantes quienes dan trabajo a los obreros, sino éstos los que con su
esfuerzo sostienen a todos, entregando gratuitamente la mayor parte de su
trabajo.
Prosigamos. En todos los Estados actuales la miseria del
pueblo nace del hecho de que los trabajadores producen todos los artículos con
destino a la venta, con destino al mercado. El fabricante y el artesano, el
terrateniente y el campesino acomodado producen tales o cuales objetos, crían
el ganado, siembran y cosechan el trigo, para venderlo, para obtener dinero. El
dinero es hoy, en todas partes, la fuerza principal. Todos los productos del
trabajo humano se cambian por dinero. Con dinero se puede comprar todo lo que
se quiera. Se puede comprar, incluso, a los hombres, es decir, obligar a quienes
nada tienen a trabajar para los que poseen dinero. Antes la fuerza principal
era la tierra; así sucedía bajo el régimen de la servidumbre: quien tenía la
tierra tenía la fuerza y el poder. Pero ahora la fuerza principal es el dinero,
el capital. Con dinero se puede comprar tanta tierra como se quiera. Y sin
dinero, no se podrá hacer gran tosa, aunque se posea la tierra: no se puede
comprar arados u otros implementos, no se puede comprar ganado, ropas y otras
mercancías de la ciudad, y no hablemos de pagar los impuestos. Para conseguir
dinero, casi todos los terratenientes hipotecan sus fincas a los bancos. Para
obtener dinero, el Gobierno pide préstamos a la gente rica y a los banqueros de
todo el mundo, y paga cientos de millones de rublos anuales en concepto de
intereses por estos préstamos.
Por dinero, todos libran ahora una guerra feroz unos
contra otros. Cada cual trata de comprar más barato y vender más caro, de
aventajar al otro, de vender la mayor cantidad posible de mercancías, de
rebajar los precios, de ocultar a los demás los lugares en que se puede vender
con ventaja o conseguir un suministro lucrativo. En esta contienda general por
obtener dinero, los que salen peor parados son las personas modestas, el
pequeño artesano y el pequeño campesino, que siempre marchan a la zaga del rico
comerciante o del campesino rico. Nunca tienen reservas, viven al día, y a la
primera dificultad, al primer revés, se ven obligados a empeñar sus últimas
pertenencias o a malvender su ganado de labor. En cuanto han caldo en las
garras de un kulak o de un usurero, rara vez se encuentran con energías para
soltarse del cepo, y casi siempre quedan irremisiblemente arruinados. Cada año,
decenas y cientos de miles de pequeños campesinos y artesanos se ven obligados
a abandonar sus chozas, a dejar su parcela por nada a la comunidad y a
convertirse en obreros asalariados, en jornaleros, en peones, en proletarios. Y
los ricos se enriquecen cada vez más en esta lucha por el dinero. Acumulan en
los bancos millones y cientos de millones de rublos, y se lucran no sólo con su
propio dinero, sino también con el de los demás, depositado en los bancos. Por
las decenas o cientos de rublos que ingresan en el banco o en la caja de
ahorros, la gente modesta obtiene un interés de tres o cuatro kopeks por rublo,
en tanto que los ricos convierten estas decenas en millones, amplían con estos
millones sus inversiones y ganan, así, hasta diez y veinte kopeks por cada
rublo.
He ahí por qué los obreros socialdemócratas afirman que
para poner fin a la miseria del pueblo no hay más camino que cambiar de arriba
abajo el régimen existente en todo el Estado e implantar el régimen socialista,
es decir, quitarles a los grandes terratenientes sus fincas, a los industriales
sus fábricas y a los banqueros sus capitales, suprimir su propiedad privada y
ponerla en manos de todo el pueblo trabajador en todo el Estado. Cuando se haga
esto, no será la gente rica que vive del trabajo ajeno quien dispondrá del
trabajo de los obreros, sino los obreros mismos y los representantes elegidos
por éstos. Entonces los frutos del trabajo común y las ventajas derivadas de
todos los adelantos y de las máquinas redundarán en beneficio de todos los
trabajadores, de todos los obreros. Entonces la riqueza crecerá todavía más
rápidamente, pues cuando trabajen para sí los obreros trabajarán mejor que
ahora para los capitalistas; se acortará su jornada de trabajo, comerán y
vestirán mejor, toda su vida cambiará radicalmente.
Pero cambiar el régimen existente en todo el Estado no es
empresa fácil. Para ello será necesario un gran esfuerzo, una lucha larga y
tenaz. Todos los ricachos, todos los propietarios, toda la burguesía[7],
defenderán sus riquezas con toda su energía. Los funcionarios y el ejército
defenderán a toda la clase rica porque el propio Gobierno se halla en manos de
dicha clase. Los obreros deberán unirse como un solo hombre para luchar contra
todos los que viven del trabajo ajeno; deberán unirse ellos y unir a todos los
desposeídos en una sola clase obrera, en la clase del proletariado. La lucha
será dura para la clase obrera, pero terminará indefectiblemente con la
victoria de los obreros, porque la burguesía, es decir, la gente que vive del
trabajo ajeno, constituye una parte insignificante del pueblo, mientras que la
clase obrera representa la inmensa mayoría de éste. Obreros contra propietarios
equivale a decir millones contra miles.
En Rusia los obreros también comienzan ya a unirse con
vistas a esta grandiosa lucha en un solo partido, el Partido Socialdemócrata.
Por muy difícil que sea unirse en secreto, escondiéndose de la policía, la
unidad, pese a todo, crece y se fortalece. Y cuando el pueblo ruso conquiste la
libertad política, la causa de la unidad de la clase obrera y la causa del
socialismo avanzarán a paso muchísimo más rápido, con mayor rapidez todavía que
hoy entre los obreros alemanes.
3. RIQUEZA Y MISERIA, PROPIETARIOS Y OBREROS EN EL CAMPO
Ahora ya sabemos lo que quieren los socialdemócratas.
Quieren luchar contra toda la clase rica para liberar al pueblo de la miseria.
Y en el campo ruso la miseria no es menor, sino tal vez mayor aún que en las
ciudades. No vamos a hablar aquí de cuán grande es la miseria en el campo: todo
obrero que haya estado allí y todo campesino conocen bien la penuria, el
hambre, el frío y la desolación que reinan en el campo.
Pero el campesino no sabe por qué vive en la miseria,
pasa hambre y se arruina, ni cómo podrá librarse de esta penuria. Para saberlo
hay que comprender ante todo de dónde provienen la penuria y la miseria, tanto
en la ciudad como en el campo. Ya hemos hablado brevemente de ello y nos hemos
cerciorado de que los campesinos pobres y los obreros del campo deben unirse a
los obreros de la ciudad. Pero esto no basta. Hay que saber, además, quiénes
seguirán en el campo a los ricos, a los propietarios, y quiénes se pondrán de
parte de los obreros, de los socialdemócratas. Hay que saber si son muchos los campesinos
que se las arreglan tan bien como los terratenientes para amasar un capital y
vivir del trabajo ajeno. Si no llegamos al fondo de este asunto, de nada
servirán todos los discursos sobre la miseria, y los pobres del campo no sabrán
quiénes son los que tienen que unirse entre sí y con los obreros de la ciudad,
ni qué hay que hacer para que resulte una alianza sólida y el campesino no sea
engañado no sólo por el terrateniente, sino tampoco por su prójimo, el mujik
rico.
Para esclarecer esto, veamos ahora cuál es la fuerza de
los terratenientes en el campo y cuál la de los campesinos ricos.
Comencemos por los terratenientes. Su fuerza puede
calcularse atendiendo, sobre todo, a la cantidad de tierra de que son
propietarios. El total de tierras de Rusia Europea, incluyendo tanto la comunal
de los campesinos como las de propiedad privada, ascendía a 240 millones de
deciatinas[8], aproximadamente[9] (aparte de las tierras del fisco, de las que
hablaremos más adelante). De estos 240 millones de deciatinas se hallan en
manos de los campesinos, es decir, de más de diez millones de familias, 131
millones de deciatinas de tierras comunales; 109 millones de deciatinas están
en poder de propietarios privados, o sea, en poder de menos de medio millón de
familias. Esto quiere decir que, por término medio, a cada familia campesina le
corresponde 13 deciatinas, mientras que a la familia de un solo propietario
privado le tocan 1218 deciatinas! Pero la desigualdad en cuanto a la
distribución de la tierra es aún mucho mayor, como veremos en seguida.
De los 109 millones de deciatinas de tierra que
corresponden a los propietarios privados, siete millones se hallan en poder de
la Corona; es decir, son propiedad de los miembros de la familia del zar. El
zar, con su familia, es el primer terrateniente, el más grande terrateniente de
Rusia. ¡Una sola familia posee más tierras que medio millón de familias
campesinas! Además, las iglesias y los monasterios son propietarios de cerca de
seis millones de deciatinas. Nuestros popes predican a los campesinos la
moderación y hasta la abstinencia, mientras ellos mismos han acaparado, por las
buenas o por las malas, una cantidad inmensa de tierras.
Por si esto fuera poco, se calcula que unos dos millones
de deciatinas pertenecen a las ciudades y burgos, y otra cantidad
aproximadamente igual a diversas sociedades y compañías comerciales e
industriales. 92 millones de deciatinas de tierra (la cifra exacta es de
91.605.845, pero daremos, para simplificar, números redondos) pertenecen a menos
de medio millón (481.358) de familias de propietarios privados. La mitad de
este número de familias son propietarios muy pequeños, cada uno de los cuales
posee menos de diez deciatinas, y entre todos ellos menos de un millón. En
cambio, dieciséis mil familias poseen más de mil deciatinas cada una, con un
total de sesenta y cinco millones de deciatinas entre todas. Cuán inmensas son
las extensiones de tierras que concentran en sus manos los grandes
terratenientes lo indica, además, el hecho de que un poco menos de mil familias
(924) ¡poseen más de diez mil deciatinas de tierra, cada una, sumando entre
todas veintisiete millones de deciatinas! Es decir, que sólo mil familias
poseen tanta tierra como dos millones de familias de campesinos.
Se comprende, pues, que millones y decenas de millones de
hombres del pueblo estén obligados a pasar hambre y miseria, y condenados a tal
suerte para siempre, mientras unos cuantos miles de ricachos tienen en sus
manos tan vastas extensiones de tierra. Se comprende que mientras eso ocurra,
también el propio poder del Estado, el propio Gobierno (aunque se trate del
Gobierno zarista) bailen al son que les toquen los grandes terratenientes. Se
comprende que los pobres del campo no tengan de quién recibir ni de dónde
esperar ayuda, mientras ellos mismos no se unan, no se fundan en una sola clase
para luchar tenaz y desesperadamente contra la clase terrateniente.
Debe señalarse aquí que en nuestro país hay muchísima
gente (entre ella, incluso, mucha gente culta) que se ha formado una idea
completamente falsa de la fuerza que representa la clase terrateniente, y que
dice que "el Estado" posee todavía mucha más tierra. "Ya ahora
—afirman estos malos consejeros de los campesinos— pertenece al Estado gran
parte del territorio (es decir, de todas las tierras) de Rusia" (palabras
tomadas del periódico Revoliutsionnaya Rossia, núm. 8, pág. 8). El error de
esta gente se debe a lo siguiente. Han oído que en Rusia Europea pertenecen al
fisco 150 millones de deciatinas. Y así es, en verdad. Pero se olvidan de
añadir que estas tierras son en su casi totalidad tierras estériles y bosques
enclavados en los lejanos confines nórdicos, en las provincias de Arjánguelsk,
Vólogda, Olonéts, Viatka y Perm. En poder del fisco sólo han quedado, en verdad,
las tierras que hasta ahora resultaban totalmente inservibles para el cultivo.
Las tierras cultivables que se hallan en poder del fisco no llegan a cuatro
millones de deciatinas. Estas tierras cultivables pertenecientes al fisco (por
ejemplo, en la provincia de Samara, donde abundan bastante) son tomadas en
arriendo por los ricachos, que pagan por ellas una renta muy baja, casi nada.
Se quedan con miles y decenas de miles de deciatinas de estas tierras y luego
las ceden en arriendo a los campesinos por una renta exorbitante.
Sí, son muy malos consejeros de los campesinos quienes
aseguran que el Estado tiene muchas tierras. En realidad, quienes disponen de
muchas tierras buenas son los grandes propietarios privados (incluyendo entre
ellos, personalmente, al zar), y estos grandes terratenientes tienen en sus
manos al propio Estado. Y mientras los pobres del campo no sepan unirse y
convertirse en una fuerza temible con su unión, el "Estado" seguirá
siendo un sumiso servidor de la clase terrateniente. No hay que olvidar,
además, otra cosa: antes, los terratenientes eran casi exclusivamente de la
nobleza. También ahora se concentra en manos de los nobles una gran extensión
de tierra (en 1877-1878 se calculaba que 115.000 nobles poseían 73 millones de
deciatinas). Pero la fuerza principal ha pasado a ser ahora el dinero, el
capital. Los comerciantes y los campesinos acomodados adquirieron muchísimas
tierras. Se calcula que en treinta años (de 1863 a 1892) los nobles perdieron
tierras (es decir, vendieron más de lo que compraron) por más de 600 millones
de rublos. Por su parte, los comerciantes y ciudadanos distinguidos han
adquirido tierras por 250 millones de rublos. Los campesinos, cosacos y
"demás lugareños" (como llama nuestro Gobierno a la gente sencilla,
para no confundirla con la "gente distinguida" y con el "público
selecto") han comprado tierras por 300 millones de rublos. Esto significa
que los campesinos de toda Rusia adquieren, por término medio, en propiedad
privada, tierras por valor de 10 millones de rublos anuales.
Es decir, que no todos los campesinos son iguales: unos
sufren hambre y miseria, y otros se enriquecen. Por consiguiente, son cada vez
más los campesinos ricos que se orientan hacia los terratenientes y que se
pondrán al lado de los ricos contra los obreros. Y los pobres del campo, que
desean unirse a los obreros de la ciudad, deben pensar bien en esto, deben
averiguar si son muchos estos campesinos ricos, cuál es su fuerza y qué clase
de alianza necesitamos para luchar contra ella. Hablábamos hace poco de los
malos consejeros de los campesinos. Estos malos consejeros gustan de decir que
los campesinos cuentan ya con una alianza. Y la alianza es, según ellos, la
comunidad rural. La comunidad, aseguran, es una gran fuerza. La agrupación
dentro de la comunidad da una gran cohesión a los campesinos; la organización
(es decir, la unidad, la alianza) de los campesinos en la comunidad es colosal
(es decir, inmensa, enorme).
Esto es falso. Es un cuento. Un cuento inventado por
gente bienintencionada, pero cuento al fin y al cabo. Y si prestamos oídos a
cuentos, sólo conseguiremos echar a perder nuestra causa, la causa de la
alianza de los pobres del campo con los obreros de la ciudad. Es necesario que
todos los que viven en la aldea miren bien lo que ocurre a su alrededor: ¿es
que la agrupación en la comunidad rural se parece en algo a la alianza de los
campesinos pobres para luchar contra todos los ricos, contra todos los que
viven del trabajo ajeno? No, no se parece en nada, ni puede parecerse. En cada
aldea, en cada comunidad rural, hay muchos braceros, muchos campesinos
arruinados, y hay ricachos que contratan braceros y compran tierras "a
perpetuidad". Estos ricachos forman también parte de la comunidad rural y
dominan en ella, porque son fuertes. Pues bien, ¿acaso la alianza que
necesitamos es una alianza de la que formen parte y en la que dominen los
ricachos? No, ni mucho menos.
Lo que necesitamos es una alianza para luchar contra
ellos. Eso quiere decir que la agrupación dentro de la comunidad no nos sirve.
Lo que necesitamos es una alianza voluntaria, de la que
formen parte sólo quienes comprendan que deben aliarse a los obreros de la
ciudad. Pero la comunidad rural no es una alianza voluntaria, sino una
agrupación impuesta por el Estado. De ella no forman parte quienes trabajan
para los ricachos y quieren luchar juntos contra ellos. Está compuesta por todo
tipo de personas, no porque quieran estar en ella, sino porque sus padres
vivían ya en las mismas tierras, trabajaban para el mismo terrateniente, y
porque las autoridades los han registrado como miembros de esa comunidad. Los
campesinos pobres no pueden salir libremente de ella, ni aceptar libremente en
la comunidad a una persona extraña inscrita por la policía en otro subdistrito
y que a nosotros, para nuestra alianza, nos convendría tal vez que estuviera
aquí. No, nos hace falta una alianza completamente distinta de ésta, una
alianza voluntaria en la que sólo entren los trabajadores y los campesinos
pobres, para luchar contra cuantos viven del trabajo ajeno.
Están ya muy lejos los tiempos en que la comunidad rural
era una fuerza. Y esos tiempos jamás volverán. La comunidad era una fuerza
cuando entre los campesinos apenas había braceros o jornaleros errantes por
toda Rusia en busca de un salario, cuando no había casi ricachos, cuando todos
se hallaban igualmente oprimidos por el terrateniente feudal. Ahora la fuerza
principal es el dinero. Por dinero luchan entre sí como bestias feroces los
miembros de una misma comunidad rural. A veces los mujiks adinerados expolian y
saquean a miembros de su propia comunidad más que cualquier terrateniente. Lo
que ahora necesitamos no es la alianza en la comunidad, sino una alianza contra
el poder del dinero, contra el poder del capital, la alianza de todos los
trabajadores del campo y de los campesinos pobres de las distintas comunidades,
la alianza de todos los pobres del campo con los obreros de la ciudad para
luchar por igual contra los terratenientes y los campesinos ricos.
Ya hemos visto cuál es la fuerza de los terratenientes.
Veamos ahora si los campesinos ricos son muchos y cuál es su fuerza.
Juzgamos la fuerza de los terratenientes por la extensión
de sus fincas, por la cantidad de tierras que poseen. Los terratenientes
disponen libremente de sus tierras, son libres para comprarlas y venderlas. Por
eso podemos formarnos un juicio muy exacto acerca de su fuerza si conocemos la
cantidad de tierras que poseen. En cambio, los campesinos no tienen hasta
ahora, en nuestro país, derecho a disponer libremente de su tierra, siguen
siendo semisiervos, están atados a su comunidad. De ahí que no sea posible
formarse un juicio acerca de la fuerza de los campesinos ricos sobre la base de
la cantidad de tierras comunales que tienen. Los campesinos ricos no se
enriquecen con sus parcelas comunales, sino que compran grandes extensiones de
tierras, tanto en "propiedad perpetua" (es decir, en propiedad
privada) como "por cierto número de arios" (o sea, tomándolas en arriendo);
las compran a los terratenientes y a otros campesinos de la misma comunidad, a
quienes se ven obligados a deshacerse de la tierra, vender sus parcelas
comunales para cubrir sus necesidades. De aquí que lo más acertado sea
clasificar a los campesinos ricos, medios y pobres según el número de caballos
de que disponen. El campesino que dispone de muchos caballos es casi siempre un
campesino rico; si tiene mucho ganado de labor, ello significa que tiene
también mucha sementera y mucha tierra, aparte de su parcela comunal, y dinero
ahorrado. Además, estamos en condiciones de calcular cuántos campesinos, dueños
de muchos caballos, existen en toda Rusia (en Rusia Europea, sin contar Siberia
y el Cáucaso). Como es lógico, no debe olvidarse que en lo referente a Rusia en
su conjunto, sólo podemos hablar de promedios, ya que existen muchas
diferencias dentro de las distintas provincias y distritos. Por ejemplo, en las
inmediaciones de las ciudades hay a menudo campesinos ricos que tienen pocos
caballos. Algunos de ellos se dedican a la ventajosa explotación de la
horticultura, y otros poseen pocos caballos, pero muchas vacas, cuya leche
venden. Y hay también en toda Rusia campesinos que no se enriquecen con la
tierra, sino con el comercio, instalando mantequerías, molinos y otras empresas.
Todo el que vive en el campo conoce muy bien a los campesinos ricos de su aldea
y de los contornos. Pero nosotros necesitamos saber cuántos campesinos ricos
existen en toda Rusia y cual es su fuerza, para que el campesino pobre no ande
a tientas, a ciegas, sino que sepa sin temor a equivocarse cómo son sus amigos
y cómo sus enemigos.
Veamos, pues, cuántos son los campesinos ricos, dueños de
muchos caballos, y cuántos los pobres. Ya hemos dicho que, en total, se calcula
que existen en toda Rusia cerca de diez millones de familias campesinas. El
número de caballos que poseen ascenderá, probablemente, a unos quince millones
(hace catorce años, el número era de diecisiete millones, pero en la actualidad
hay menos). En consecuencia, corresponden quince caballos, como promedio, por
cada diez familias. Pero el asunto es que unos, muy pocos, disponen de muchos
caballos, en tanto otros, la mayoría, cuentan con pocos o con ninguno. Los
campesinos sin caballo suman no menos de tres millones, y casi tres millones y
medio poseen sólo un caballo. Trátase de campesinos arruinados por completo o
de campesinos pobres. Los llamamos los pobres del campo. Su número es de seis
millones y medio sobre un total de diez, o sea, ¡casi las dos terceras partes!
Vienen luego los campesinos medios, que poseen una yunta de ganado de labor
cada uno. Estos campesinos, suman cerca de dos millones de familias y poseen en
total casi cuatro millones de caballos. Y en seguida van los campesinos ricos,
que disponen de más de una yunta. Son como un millón y medio de familias, pero
disponen, en conjunto, de siete millones y medio de caballos[10]. Por tanto,
una sexta parte de las familias campesinas, aproximadamente, posee la mitad de
la cantidad total de caballos.
Ahora que sabemos esto, podemos formarnos un juicio
bastante exacto acerca de la fuerza de los campesinos ricos. Su número es muy
reducido: en las diversas comunidades rurales, en los diversos subdistritos, no
pasan de una o dos decenas por cada cien familias. Pero estas pocas familias
son las más ricas. De aquí que posean, en toda Rusia, casi tantos caballos como
todos los demás campesinos juntos. Esto quiere decir que sus sementeras
representan también casi la mitad de la superficie total sembrada por los
campesinos. Estos labradores cosechan mucho más trigo del necesario para el
consumo de sus familias. Venden grandes cantidades de trigo. Destinan su trigo
no sólo al consumo, sino en su mayor parte a la venta, para obtener dinero.
Estos campesinos pueden acumular dinero; lo depositan en las cajas de ahorros y
en los bancos; también adquieren tierras en propiedad. Ya hemos visto cuántas
tierras compran cada año los campesinos en toda Rusia: casi todas las tierras
van a parar a manos de estos pocos campesinos ricos. Los pobres del campo no
pueden pensar en comprar tierras, sino en buscar la manera de no morir de
hambre. Con frecuencia carecen del dinero necesario para comprar trigo, y no
digamos para adquirir tierras. De ahí que los bancos en general y el Banco
Campesino en particular no ayuden a adquirir tierras a todos los campesinos, ni
mucho menos (como aseguran a veces quienes tratan de engañar al mujik o quienes
pecan por exceso de simpleza), sino sólo a un número insignificante de ellos, a
los campesinos ricos. Y de ahí también que los malos consejeros del mujik a
quienes nos referíamos más arriba no digan la verdad acerca de la compra de
tierras cuando aseguran que éstas pasan del capital al trabajo. La tierra no
puede transferirse en modo alguno al trabajo, es decir, al hombre carente de
bienes que vive de su trabajo, por la sencilla razón de que la tierra se paga
con dinero. Y a la gente pobre nunca le sobra el dinero. La tierra sólo pasa a
manos de los campesinos ricos en dinero, al capital, a aquellos contra quienes
deben luchar los pobres del campo, aliados a los obreros de la ciudad.
Los campesinos ricos no sólo compran tierras a
perpetuidad, sino que, sobre todo, las toman en arriendo porm cierto número de
años. Privan de tierras a los campesinos pobres, al tomar en arriendo grandes
extensiones. Por ejemplo, en un solo distrito de la provincia de Poltava (el de
Konstantinograd) se calculó cuánta tierra habían tomado en arriendo los
campesinos ricos. ¿Y qué resultados se obtuvieron? Los que arrendaban de 30
deciatinas en adelante por familia eran muy pocos, dos familias por cada
quince. Y sin embargo, estos ricachos concentraban en sus manos la mitad de
toda la tierra arrendada, y a cada uno de ellos le correspondían, por término
medio, ¡75 deciatinas de tierra en arriendo! En la provincia de Táurida se
calculó la cantidad de tierra arrendada al fisco por las comunidades
campesinas, y que era acaparada por los ricachos. Y resultó que éstos, cuyo
número no pasaba de una quinta parte de todas las familias, acaparaban las tres
cuartas partes del total de tierras arrendadas. La tierra se arrienda en todas
partes por dinero, el dinero se halla sólo en manos de unos cuantos ricachos.
Además, los propios campesinos ceden hoy en arriendo
muchas tierras. Se desprenden de sus parcelas comunales porque no tienen
ganado, ni simiente ni medios ton que cultivar la hacienda. Sin dinero no se
puede hoy hacer nada, aunque se tenga tierra. Por ejemplo, en el distrito de
Novoúzensk, provincia de Samara, de cada tres familias de campesinos ricos, una
y a veces dos toman en arriendo parcelas en su propia comunidad o en otras. Los
que ceden sus parcelas comunales a otros son campesinos que carecen de caballo
o sólo tienen uno. En la provincia de Táurida, una tercera parte de las
familias campesinas ceden en arriendo a otros sus parcelas comunales. Se
traspasa en arriendo la cuarta parte de todas las parcelas campesinas, un
cuarto de millón de deciatinas: Y de este cuarto de millón, ¡150.000 deciatinas
(las tres quintas partes) van a parar a manos de los campesinos ricos! De nuevo
volvemos a ver aquí si la comunidad es de alguna utilidad para los pobres del
campo. En la comunidad rural, el que tiene el dinero tiene la fuerza. Y lo que
nosotros necesitamos es la alianza de los campesinos pobres de todas las
comunidades.
Y lo mismo que con la compra de tierras, engañan también
a los campesinos diciéndoles que pueden comprar a bajo precio arados, segadoras
y toda clase de aperos perfeccionados. Se organizan almacenes y arteles de los
zemstvos, y se dice: los aperos perfeccionados mejoran la suerte del campesino.
No es más que un embuste. Todos esos aperos agrícolas perfeccionados sólo están
al alcance de los ricachos, y los pobres casi no los ven. ¡Cómo pensar en
arados y segadoras, cuando ni siquiera pueden comer! Toda esa cacareada
"ayuda a los campesinos" es una ayuda que se presta a los ricachos, y
nada más. Y a la masa de campesinos pobres que carecen de tierras, ganado y
ahorros no se la ayuda ofreciéndole aperos mejores y más baratos. Por ejemplo,
en un distrito de la provincia de Samara se hizo un recuento de los aperos
perfeccionados de que disponían los campesinos ricos y los pobres. Se descubrió
que sólo una quinta parte de las familias, es decir, las más acomodadas,
concentraban casi las tres cuartas partes del total de aperos modernos, en
tanto que para los pobres, es decir, para la mitad de las familias campesinas,
sólo quedaba la trigésima parte. En este distrito los campesinos sin caballo y
con un solo caballo suman 10.000 familias sobre un total de 28.000; estas
10.000 familias sólo poseen siete aperos perfeccionados de los 5.724
correspondientes a todo el distrito. ¡Siete de los 5.724: he ahí la proporción
en que los pobres de la aldea participan en los perfeccionamientos de la
hacienda rural, en la difusión de estos arados y segadoras que, según se
afirma, ayudan a "todos los campesinos"! ¡Eso es lo que los pobres
del campo pueden esperar de quienes hablan del "mejoramiento de la
economía campesina"!
Por último, una de las peculiaridades principales del
campesino rico es que contrata a braceros y jornaleros. Los campesinos ricos, a
semejanza de los terratenientes, viven también del trabajo ajeno. Al igual que
los terratenientes, se enriquecen a costa de la ruina y el empobrecimiento de
la masa campesina. Lo mismo que los terratenientes, procuran exprimir a sus
propios braceros la mayor cantidad posible de trabajo y pagarles el menor
salario posible. Si millones de campesinos no se viesen totalmente arruinados y
obligados a trabajar para otros, a buscar un jornal, a vender su fuerza: de
trabajo, los campesinos ricos no podrían existir ni explotar sus fincas. No
podrían quedarse con las parcelas comunales "abandonadas", ni
encontrarían en ninguna parte jornaleros. En toda Rusia el millón y medio de campesinos
ricos contratan, por cierto, a no menos de un millón de braceros y jornaleros.
Es evidente que en la gran lucha entre la clase de los propietarios y la clase
de quienes nada poseen, entre los patronos y los obreros, entre la burguesía y
el proletariado, los campesinos ricos se pondrán al lado de los propietarios,
contra la clase obrera.
Ahora ya conocemos la situación y la fuerza de los
campesinos ricos. Examinemos cómo viven los campesinos pobres.
Hemos dicho que entre los pobres del campo se cuenta la
inmensa mayoría, casi las dos terceras partes de las familias campesinas de
Rusia. Por empezar, hay no menos de tres millones de familias sin caballo, y es
probable que hoy sean más, quizá tres millones y medio. Cada año de hambre, de
malas cosechas, arruina a decenas de miles de haciendas. La población crece,
crece la densidad, mientras que las mejores tierras están ya acaparadas por los
terratenientes y los campesinos ricos. Cada año el pueblo se arruina más y más,
emigra del campo a las ciudades y a las fábricas, pasa a engrosar las filas de
los braceros y los peones. Un campesino sin caballo es ya un campesino
completamente arruinado. Es un proletario. No vive ya (si se puede llamar a
esto vivir, pues más exacto sería decir que va tirando) de la tierra, de su
hacienda, sino del trabajo asalariado. Es el hermano del obrero de la ciudad.
Al campesino sin caballo no le sirve de nada la tierra: la mitad de las
familias carentes de caballo renuncian a sus parcelas comunales; a veces las
entregan incluso gratis a la comunidad (¡y algunos hasta pagan la diferencia
entre los impuestos y la cosecha que se espera recoger!), sencillamente porque
no están en condiciones de cultivar su tierra. Los campesinos sin caballo
siembran una deciatina, y a lo sumo dos. Se ven siempre en la necesidad de
comprar trigo (si tienen con qué), pues el cosechado por ellos no les alcanza
para alimentarse. No es mucho mejor la situación de los campesinos con un solo
caballo, que en toda Rusia suman cerca de 3 millones y medio de familias. Hay,
por supuesto, excepciones, y ya hemos dicho que alguno que otro campesino con
un solo caballo vive pasablemente, o incluso Llega a enriquecerse. Pero no
hablamos de las excepciones, ni de lugares aislados, sino de toda Rusia. No
cabe duda de que la gran masa de los campesinos con un solo caballo vive en la
pobreza y en la penuria. Estos campesinos pueden llegar a sembrar, incluso en
las provincias agrícolas, de tres a cuatro deciatinas de tierra, rara vez
cinco; y tampoco les alcanza su propio cereal. Ni siquiera en los años buenos
comen mejor que los campesinos sin caballo; por consiguiente, andan siempre mal
alimentados, siempre hambrientos. Su hacienda está en completa decadencia, su
ganado es malo y mal alimentado, y no tiene fuerza para trabajar la tierra como
es debido. ¡En la provincia de Vorónezh, por ejemplo, el campesino con un solo
caballo no puede invertir en toda su hacienda (aparte del forraje para el
ganado) más de veinte rublos por año! (El mujik rico gasta diez veces más.) ¡Veinte
rublos por año para pagar el arriendo de la tierra, comprar ganado, reparar su
arado y los demás aperos, pagar al pastor y todo lo demás! ¿Acaso puede
llamarse hacienda a eso? Es un agobio constante, un trabajo forzado, un eterno
tormento. Es natural, entonces, que haya también muchos campesinos con un solo
caballo que cedan en arriendo sus parcelas comunales. Un indigente poco
provecho puede sacarle a la tierra. Sin dinero, de la tierra no se obtiene no
ya el dinero, sino ni siquiera lo necesario para alimentarse. Y para todo hace
falta dinero: para comer, para vestirse, para gastarlo en la hacienda, para
pagar impuestos. En la provincia de Vorónezh, el campesino con un caballo gasta
sólo en impuestos, por lo general, dieciocho rublos anuales, y cuenta en total,
para atender a todos sus gastos, con 75 rublos anuales. Sólo por mofa se puede
hablar, en estas condiciones, de compra de tierras, de aperos perfeccionados o
de bancos agrícolas: estas cosas no' han sido inventadas para el campesino
pobre.
¿De dónde, entonces, sacar el dinero? No tiene más
remedio que buscar un "ingreso" en otro lado. El campesino con un
solo caballo, lo mismo que el que no posee ninguno, puede ir tirando gracias
sólo a un "ingreso adicional". ¿Y qué significa esto? Significa ponerse
a trabajar para otro, trabajar por un salario. Significa que el campesino con
un solo caballo ha dejado de ser en parte un propietario, para convertirse en
asalariado, en proletario. Por eso se da a estos campesinos el nombre de
semiproletarios. También ellos son hermanos de los obreros de la ciudad, pues
lo mismo que a éstos los despluma a mansalva cualquier patrono. Tampoco para
ellos hay otra salida, otra salvación que unirse a los socialdemócratas para
luchar contra todos los ricachos, contra todos los propietarios. ¿Quién trabaja
en la construcción de los ferrocarriles? ¿A quién saquean los contratistas?
¿Quién tumba los árboles en los bosques y arrastra los troncos río abajo?
¿Quiénes trabajan como braceros? ¿Quiénes se ganan la vida como jornaleros?
¿Quiénes ejecutan las faenas menos calificadas en las ciudades y en los
puertos? Son todos los pobres que afluyen de la aldea. Son los campesinos que
tienen un solo caballo o ninguno. Son los proletarios y semiproletarios del
campo. ¡Y cuántos son en toda Rusia! Se calcula que cada año se extienden en
toda Rusia (exceptuando el Cáucaso y Siberia) ocho y a veces hasta nueve
millones de pasaportes. Son todos obreros migratorios, que salen de la aldea en
busca de trabajo. Campesinos sólo de nombre; en realidad son asalariados,
obreros. Todos ellos deben unirse en una sola alianza con los obreros de la
ciudad, y cada rayo de luz y de saber que penetre en la aldea vendrá a reforzar
y consolidar esta alianza.
Hay, además, algo que no debe olvidarse, en lo que a los
"ingresos adicionales" se refiere. Todos los funcionarios y quienes
piensan en la manera de éstos son aficionados a emplear la frase de que el
campesino, el mujik, "necesita" dos cosas: tierra (pero no mucha;
¡por otra parte, no habría de dónde sacarla, ya que la han acaparado los
ricachos!) e "ingresos adicionales". De aquí que, según dicen, para
ayudar a la gente del pueblo conviene instalar en la aldea más industrias
artesanales, "proporcionar" a la gente más "ingresos adicionales".
Estos discursos son pura hipocresía.
Para los pobres, ingreso significa trabajar por un
salario. "Proporcionar ingresos" al campesino significa convertirlo
en obrero asalariado. ¡Bonita ayuda, por cierto! Para los campesinos ricos hay
otras maneras de obtener "ingresos", que requieren un capital; por
ejemplo, instalar un molino o cualquier otra empresa, comprar una trilladora,
dedicarse al comercio u otras cosas por el estilo. Confundir estos ingresos de
la gente de dinero con el trabajo asalariado de los pobres es engañar á éstos.
Los ricachos, como es natural, salen ganando con cualquier engaño; a ellos les
conviene presentar las cosas como si todos los "ingresos" estuviesen
al alcance de todos los campesinos. Pero quien realmente quiere favorecer a los
pobres, les dirá toda la verdad y sólo la verdad.
Ahora nos queda por hablar de los campesinos medios. Ya
hemos visto que en general, en el conjunto de Rusia, debe considerarse
campesino medio al que cuenta con una yunta de animales de labor, y sabemos que
de diez millones de hogares campesinos, unos, dos millones corresponden a
campesinos medios. El campesino medio ocupa una posición intermedia entre el
rico y el proletario; por eso se le da ese nombre. Y vive también medianamente:
en los años buenos se mantiene a flote con' lo que saca de su tierra, pero la
miseria siempre lo acecha. Tiene muy pocos ahorros o ninguno. Por eso la
situación de su hacienda es muy precaria. Le resulta difícil conseguir dinero:
a duras penas saca de su hacienda lo que necesita, y cuando lo saca, apenas le
alcanza. Ir a buscar un ingreso significa descuidar su hacienda, con lo que se
arruina definitivamente. Sin embargo, son muchos los campesinos medios que no
pueden salir adelante sin ayuda de un ingreso adicional, que necesitan trabajar
por un salario, dejarse sojuzgar por el terrateniente o hundirse en deudas. Y
rara vez logra el campesino medio desembarazarse de las deudas que contrae,
pues sus ingresos no son seguros como los del campesino rico. Por eso, cuando
las contrae es como si se echase una soga al cuello. Jamás consigue saldarlas y
acaba arruinándose por completo. El campesino medio es el que más cae en las
garras del terrateniente, quien para los trabajos a destajo necesita valerse de
mujiks que no estén arruinados, que dispongan de una yunta de caballos y de los
aperos necesarios para el cultivo. Al campesino medio no le es fácil marcharse
a otro lado y cae, por ello, en las garras del terrateniente por una serie de
conceptos: por el trigo, por los pastizales, por el arriendo de los recortes de
tierras y por el dinero prestado durante el invierno. Y además del
terrateniente y el kulak, oprime también al campesino medio su vecino rico,
quien no desperdicia nunca la ocasión de adelantársele en el arriendo de la
tierra y de oprimirlo de una u otra manera. Esa es la vida del campesino medio:
ni chicha ni limonada. No llega a ser un verdadero propietario, ni es tampoco
un auténtico obrero. Todos los campesinos medios tratan de igualarse a los
patronos, quieren ser propietarios, pero son muy pocos quienes lo logran. Son
contados los que emplean a braceros o jornaleros, que logran enriquecerse con
el trabajo ajeno, prosperar cabalgando sobre las espaldas de otros. La mayoría
de los campesinos medios carecen de dinero para contratar a otros; ellos mismos
se ven obligados a trabajar por un salario.
En todas partes donde comienza la lucha entre los ricos y
los pobres, entre los propietarios y los obreros, el campesino medio queda
entre dos fuegos, y no sabe hacia dónde ir. Los ricachos lo llaman a su lado y
le dicen: también tú eres un amo, un propietario, y no debes mezclarte con la
chusma de los obreros. Estos, por su parte, le hablan así: también a ti te
despojarán y estafarán los ricachos, y no tienes otra salvación que ayudarnos
en la lucha contra los ricos. Esta disputa en torno del campesino medio se
libra por doquier, en todos los países en que los obreros socialdemócratas
luchan por la emancipación del pueblo trabajador. En Rusia, esta disputa apenas
comienza ahora. Por eso debemos estudiar bien este problema y comprender con
claridad a qué engaños recurren los ricachos para atraerse a los campesinos
medios; debemos aprender a desenmascarar esos engaños y ayudar al campesino
medio a conocer a sus verdaderos amigos. Si los obreros socialdemócratas rusos
marchan desde ahora por el camino correcto, crearemos mucho antes que nuestros
camaradas alemanes una sólida alianza entre los obreros del campo y los obreros
de la ciudad, y alcanzaremos rápidamente la victoria sobre todos los enemigos
del pueblo trabajador.
4. ¿CON QUIEN DEBE IR EL CAMPESINO MEDIO? ¿CON LOS
PROPIETARIOS Y LOS RICOS, O CON LOS OBREROS Y LOS POBRES?
Todos los propietarios, toda la burguesía, se esfuerzan
por atraer a su lado al campesino medio, prometiéndole toda suerte de medidas
para mejorar su hacienda (arados baratos, bancos agrícolas, roturación de
pastizales, venta a bajo precio de ganado, de abonos, etc.) e induciéndolo a
participar en todo género de asociaciones agrícolas (cooperativas, como las
llaman los libros), que agrupan diversos tipos de propietarios, con el fin de
mejorar los métodos de cultivo. De este modo, la burguesía procura desviar de
la alianza con los obreros al campesino medio, y aun al pequeño campesino, al
semiproletario; procura inducirlos a que se pongan de parte de Ios ricos, de la
burguesía, en su lucha contra los obreros, contra el proletariado.
Los obreros socialdemócratas contestan a esto: mejorar la
hacienda está muy bien; nada hay de malo en que puedan comprarse arados
baratos; hoy todo comerciante avisado trata de vender más barato para atraerse
compradores. Pero cuando se les dice a los campesinos pobres o medios que
mejorar su hacienda y abaratar los arados los ayudará a todos ellos a salir de
la penuria y a ponerse en pie, sin tocar para nada a los ricos, se los engaña.
Todas estas mejoras, abaratamientos y cooperativas (asociaciones para comprar y
vender mercancías) benefician mucho más a los ricos. Estos se vuelven más
fuertes aún, oprimen aún más tanto a los campesinos pobres como a los medios.
Mientras los ricos lo sigan siendo, mientras tengan en sus manos la mayor parte
de la tierra, del ganado, de los aperos y del dinero, no sólo los campesinos
pobres, sino tampoco los medios, podrán salir jamás de la penuria. Alguno que
otro mujik medio podrá escalar la riqueza con ayuda de estas mejoras y de estas
cooperativas, pero en cambio todo el pueblo y todos los campesinos medios se
hundirán todavía más en la miseria. Para que todos los mujiks medios puedan
llegar a ser ricos, hay que acabar con los más ricos de todos, y esto sólo
podrá lograrlo la alianza de los obreros de la ciudad con los pobres del campo.
La burguesía le dice al campesino medio (e incluso al
pequeño): te venderemos tierras baratas y arados a bajo precio, pero a cambio
de ello nos venderás tu alma, renunciarás a luchar contra todos los ricos.
El obrero socialdemócrata dice: si de veras te ofrecen
mercancías a bajo precio, ¿por qué no comprar, si tienes dinero? Este es un
asunto comercial. Pero el alma nunca debe venderse. Renunciar a luchar al lado
de los obreros de la ciudad contra toda la burguesía equivale a seguir siempre
en la miseria y la penuria. Con el abaratamiento de las mercancías sale ganando
todavía más el rico, que se enriquece todavía más. Y a quien carece de dinero,
de poco le sirve que le ofrezcan cosas baratas, mientras no le quite ese dinero
a la burguesía.
Pongamos un ejemplo. Los partidarios de la burguesía
prodigan elogios a todo género de cooperativas (asociaciones para comprar
barato y vender con ganancia). Y hasta hay quienes, llamándose
"socialistas-revolucionarios", gritan también, como un eco de la
burguesía, que lo que más necesitan los campesinos son cooperativas. También en
Rusia comienzan a imponerse todo género de cooperativas, aunque en nuestro país
hay todavía pocas, y no abundarán mientras no gocemos de libertad política. En
Alemania, en cambio, hay muchas cooperativas de todo tipo entre los campesinos.
Pero veamos a quién ayudan en particular estas asociaciones. En toda Alemania
hay 140.000 agricultores organizados en cooperativas para la venta de leche y
de productos lácteos, agricultores que poseen, en total (empleando una vez más
números redondos, para simplificar),1.100.000 vacas. Se calcula que en toda
Alemania hay cuatro millones de campesinos pobres. De ellos, sólo 40.000
participan en las cooperativas, lo que quiere decir que sólo un campesino pobre
de cada cien goza de los beneficios de esas cooperativas. En total, estos
40.000 campesinos pobres disponen únicamente de 100.000 vacas. Hay además un
millón de agricultores medianos, de campesinos medios, de los cuales están
organizados en las cooperativas 50.000 (o sea, cinco de cada cien), que reúnen
200.000 vacas. Por último, existe un tercio de millón de agricultores ricos
(incluyendo terratenientes y campesinos ricos en bloque); de éstos, forman
parte de las cooperativas 50.000 (¡diecisiete personas de cada cien!), ¡con un
total de 800.000 vacas!
He aquí a quién ayudan, ante todo y sobre todo, las
cooperativas. He aquí cómo tratan de engañar a los mujiks quienes gritan que la
salvación del campesino medio reside en esas asociaciones para comprar barato y
vender con un beneficio. ¡A qué bajo precio pretende la burguesía
"arrancar" al mujik a la influencia de los socialdemócratas, quienes
llaman al campesino pobre y al campesino medio a unirse a ellos!
En Rusia comienzan a organizarse también distintas
asociaciones para fabricar quesos y otros productos lácteos. Y también entre
nosotros abundan las personas que gritan: lo que necesita el mujik son arteles,
la unión en la comunidad y las cooperativas. Pero observen a quién benefician
esos arteles y esas cooperativas, esos arriendos comunales. En nuestro país, de
cada cien familias hay no menos de veinte que carecen de vacas; alrededor de
treinta poseen sólo una: estas familias venden leche espoleadas por la amarga
necesidad, y dejan sin ella a sus niños, que pasan hambre y mueren como moscas.
Pero los mujiks ricos poseen 3 ó 4 vacas, y aún más, y en sus manos se
concentra la mitad de todo el ganado vacuno de los campesinos. En estas condiciones,
¿a quién puede beneficiar la fabricación de quesos por las cooperativas? No
cabe duda de que beneficia ante todo a los terratenientes y a la burguesía
campesina. No cabe duda de que a éstos les resulta beneficioso que los
campesinos medios y los pobres se inclinen a su lado, que consideren como
camino para salir de la penuria no la lucha de todos los obreros contra la
burguesía, sino la aspiración de unos cuantos pequeños propietarios aislados a
salir de esta situación y pasarse a las filas de los ricos.
Esta aspiración es apoyada y estimulada de todos los
modos posibles por los partidarios de la burguesía, disfrazados de partidarios
y amigos del pequeño campesino. Y hay mucha gente ingenua que no ve al lobo
bajo la piel de cordero, y repite el engaño de la burguesía, en la creencia de
que con ello ayuda al campesino pequeño y medio. Tratan de demostrar, por
ejemplo, en sus libros y en sus discursos que la pequeña hacienda agrícola es
más ventajosa y rentable, que la pequeña hacienda agrícola prospera; por eso,
se nos dice, abundan tanto, por doquier, los pequeños agricultores, por eso
éstos se aferran con tanta fuerza a la tierra (y no porque las mejores tierras
están ya acaparadas por la burguesía y todo el dinero se halla también en sus
manos, ¡mientras los campesinos pobres se hacinan y pasan privaciones toda la
vida en su puñado de tierra!). El pequeño campesino necesita poco dinero, dice
esta gente de palabra melosa; el campesino pequeño y el medio son más
laboriosos y ahorrativos que el grande y además saben vivir de un modo más
frugal: en vez de comprar heno para el ganado, se arreglan con paja; en lugar
de comprar una máquina cara, madrugan más para trabajar más y reemplazar a la
máquina; en vez de pagar dinero a otros por cualquier reparación, aprovechan
las fiestas para empuñar el hacha y hacer de carpinteros, y todo les sale más
barato que al gran propietario; en vez de mantener un caballo caro o un buey,
se las arreglan para arar con una vaca. En Alemania, todos los campesinos
pobres aran con vacas; ¡en nuestro país la gente es tan pobre, que unce al
arado no sólo a las vacas, sino a veces incluso a hombres y mujeres! ¡Y qué
ventajoso, qué barato resulta todo esto! ¡Cuán digno de encomio es que el
campesino pequeño y el medio sean tan laboriosos y diligentes, vivan con tan
poco, no sepan lo que es la molicie, no piensen en el socialismo, sino sólo en
atender a su hacienda! ¡Estos campesinos no se inclinan hacia los obreros que
organizan huelgas contra la burguesía, sino que ponen sus ojos en la gente rica
y procuran llegar a ser personas respetables! ¡Si todos fuesen tan laboriosos y
diligentes, si todos viviesen con tan poco, si no se entregaran a la bebida, si
ahorrasen más dinero y gastasen menos en ropas, si no procrearan tantos hijos,
todo el mundo viviría mejor y no habría pobreza ni penuria!
¡Esas son las dulces palabras que la burguesía susurra al
campesino medio, y no faltan ingenuos que creen en ellas e incluso las
repiten[11]. En realidad, estas dulces palabras son un engaño, una burla de que
se hace objeto a los campesinos. Esta gente melosa llama hacienda agrícola
barata y ventajosa a la penuria, a la triste miseria que obliga al campesino
pobre y al medio a trabajar de la mañana a la noche, a escatimar cada pedazo de
pan, a negarse cualquier gasto de dinero por insignificante que sea. ¡Es claro
que no puede haber nada más "barato" ni más "ventajoso" que
usar tres años seguidos los mismos pantalones, andar descalzo en verano,
reparar el arado con una cuerda y alimentar a la vaca con la paja podrida
arrancada a la techumbre! ¡Habría que obligar a cualquier burgués o campesino
rico a manejar esa "barata" y "ventajosa" hacienda
agrícola, y ya veríamos cuán pronto se olvidaba de sus dulces palabras!
Quienes ensalzan la pequeña hacienda agrícola intentan a
veces ayudar al campesino, pero en realidad lo perjudican. Con sus almibaradas
palabras engañan al mujik corno se engaña al pueblo con la lotería. Explicaré
en seguida qué es la lotería. Supongamos que poseo una vaca que vale 50 rublos.
Quiero venderla por medio de una lotería, de modo que ofrezco a todos billetes
de un rublo cada uno. ¡Por un rublo pueden obtener una vaca! La gente se deja
tentar y los rublos Llueven. Cuando logro juntar cien rublos, procedo al
sorteo: el número del billete que salga premiado ganará la vaca por un rublo, y
los demás se irán con las manos vacías. ¿Puede decirse que esta vaca le ha
salido "barata" a la gente? No, le ha salido muy cara, pues pagó por
ella el doble de su valor, porque dos personas (el organizador de la lotería y
el ganador de la vaca) se enriquecieron sin el menor trabajo a costa de las
noventa y nueve que perdieron su dinero. Por tanto, quienes afirman que la
lotería es ventajosa para el pueblo, lo engañan. Y exactamente del mismo modo
engañan a los campesinos quienes les prometen liberarlos de la miseria y la
penuria por medio de todo género de cooperativas (asociaciones para vender con
beneficio y comprar barato), de todo género de mejoras de la agricultura, de
todo tipo de bancos, etcétera. En la lotería gana uno y los demás pierden, y
otro tanto ocurre aquí: un campesino medio se las ingenia para llegar a ser
rico, pero noventa y nueve de sus compañeros se pasan toda la vida doblando el
espinazo y, en vez de salir de la miseria, se arruinan cada vez más. Que cada
vecino de la aldea se fije bien en su comunidad y en cuantos lo rodean, y nos
diga si muchos campesinos medios consiguen enriquecerse y salir de la penuria.
¡Cuántos son, en cambio, los que no consiguen salir de pobres en toda la vida! ¡Y
cuántos los que se arruinan y se ven obligados a abandonar la aldea! En toda
Rusia se calcula, como hemos expuesto, que no hay más de dos millones de
haciendas campesinas medias. Supongamos que a las diferentes asociaciones para
comprar barato y vender con beneficio pertenecieran diez veces más campesinos
que ahora. ¿Qué sucedería? En el mejor de los casos, que cien mil campesinos
medios se convertirían en campesinos ricos. ¿Qué significa esto? Significa que
se enriquecerían, a lo sumo, cinco campesinos medios por cada cien. ¿Y los
noventa y cinco restantes? Tendrían que seguir viviendo con tantos aprietos
como antes, y mucho más aún, iy los pobres se arruinarían todavía más!
La burguesía, como es natural, sólo quiere que el mayor
número posible de campesinos pequeños y medios siga a los ricos, crea en la
posibilidad de librarse de la pobreza sin necesidad de luchar contra la
burguesía, confíe en su diligencia, en su frugalidad, en su posibilidad de
enriquecerse, y no en la alianza con los obreros del campo y de la ciudad. La
burguesía se empeña en alentar en el mujik esta fe y esta esperanza engañosas,
para embaucarlo con todo género de palabras melosas.
Para revelar cómo engaña esta gente de dulces palabras,
basta con formularles tres preguntas:
Primera pregunta. ¿Puede el pueblo trabajador librarse de
la miseria y la penuria, cuando en Rusia, de 240 millones de deciatinas de
tierras laborales, 100 millones se hallan en poder de propietarios privados, y
65 millones de deciatinas pertenecen a 16.000 grandes terratenientes?
Segunda pregunta. ¿Puede el pueblo trabajador librarse de
la miseria y la penuria, cuando un millón y medio de haciendas campesinas ricas
(de un total de diez millones) han acaparado la mitad de las sementeras de los
campesinos, de sus caballos, de su ganado, y mucho más de la mitad de las
reservas y ahorros pecuniarios de los campesinos? ¿Cuando esta burguesía del
campo sigue enriqueciéndose cada vez más, oprimiendo a los campesinos pobres y
medios, enriqueciéndose con el trabajo ajeno, con el trabajo de los braceros y
jornaleros? ¿Cuando seis millones y medio de haciendas campesinas están
compuestas por campesinos pobres, arruinados, siempre hambrientos, que deben
ganarse un amargo pedazo de pan trabajando en lo que sea por un jornal?
Tercera pregunta. ¿Puede el pueblo trabajador librarse de
la miseria y la penuria, cuando la fuerza principal es hoy el dinero, cuando
todo puede comprarse por dinero: fábricas y tierras, y hasta los hombres,
convertidos en trabajadores asalariados, en esclavos asalariados? ¿Cuando no es
posible vivir ni cultivar la tierra sin dinero? ¿Cuando el pequeño campesino,
el campesino pobre, tiene que luchar con el gran propietario para obtener
dinero? ¿Cuando unos cuantos miles de terratenientes, comerciantes,
industriales y banqueros han concentrado en sus manos cientos de millones de
rublos y disponen, además, de todos los bancos, en los que se encuentran
depositados miles de millones de rublos?
Estas preguntas no podrán eludirse con dulces palabras
acerca de las ventajas de la pequeña hacienda agrícola o de las cooperativas.
Para ellas sólo cabe una respuesta: la verdadera "cooperación" que
puede salvar al pueblo obrero es la alianza de los pobres del campo con los
obreros socialdemócratas de la ciudad, para luchar contra toda la burguesía. Y
cuanto antes se amplíe y fortalezca esta alianza, antes se dará cuenta el
campesino medio de lo engañosas que son las promesas burguesas, antes se pondrá
el campesino medio de nuestro lado.
La burguesía lo sabe y por eso, aparte de sus palabras
melosas, difunde las más diversas mentiras acerca de los socialdemócratas. Dice
que éstos tratan de quitar sus propiedades al campesino medio y al pequeño
campesino. Eso es mentira. Los socialdemócratas sólo se proponen quitar sus
propiedades a los grandes propietarios sólo a quienes viven del trabajo ajeno.
Los socialdemócratas no quitarán nunca sus propiedades a los agricultores
pequeños y medios que no emplean a obreros asalariados. Los socialdemócratas
defienden y amparan los intereses de todo el pueblo trabajador, y no sólo los
de los obreros de la ciudad, que son los más conscientes y los más unidos, sino
también los de los obreros del campo, así como los de los pequeños artesanos y
campesinos que no contraten a obreros, no se inclinen hacia los ricos y no se
pasen al lado de la burguesía. Los socialdemócratas luchan por todo lo que
signifique mejoras en la vida de los obreros y los campesinos, que puedan
aplicarse inmediatamente, antes de haber destruido la dominación de la
burguesía, y que faciliten la lucha contra ella. Pero los socialdemócratas no
engañan a los campesinos, les dicen toda la verdad. Y les advierten de
antemano, con toda franqueza, que mientras domine la burguesía no habrá mejora
capaz de librar al pueblo de la penuria y la miseria. Para que todo el pueblo
sepa qué son y qué quieren los socialdemócratas, éstos han elaborado su
programa[12]. Un programa es la explicación breve, clara y precisa de todas las
cosas a las que un partido aspira y por las cuales lucha. El Partido
Socialdemócrata es el único que presenta un programa claro y preciso para que
todo el pueblo lo conozca y lo vea, y para que el Partido agrupe sólo a quienes
deseen de veras luchar por emancipar a todo el pueblo trabajador del yugo de la
burguesía, y que, además, entiendan adecuadamente a quiénes hay que aliarse
para esta lucha y cómo es necesario librarla. Los socialdemócratas piensan, por
otra parte, que el programa debe explicar, de manera directa, franca y exacta,
de dónde provienen la penuria y la miseria del pueblo trabajador, y por qué la
unidad de los obreros es cada vez más amplia y fuerte. No basta con decir que
se vive mal y con llamar a la rebelión: eso puede hacerlo cualquier charlatán,
y con ello nada se gana. Es menester que el pueblo trabajador sepa a fondo por
qué causas padece miseria y a quiénes necesita aliarse a fin de luchar para
librarse de la penuria.
Ya hemos dicho lo que quieren los socialdemócratas; hemos
dicho también de dónde provienen la penuria y la miseria del pueblo trabajador;
y asimismo hemos dicho contra quién deben luchar los pobres del campo y a
quiénes deben aliarse para librar esta lucha.
Pasamos a exponer en seguida qué mejoras podemos
conquistar ya ahora, tanto en la vida de los obreros como en la de los
campesinos, por medio de la lucha.
5. ¿QUE MEJORAS RECLAMAN LOS SOCIALDEMOCRATAS PARA TODO
EL PUEBLO Y PARA LOS OBREROS?
Los socialdemócratas luchan por emancipar a todo el
pueblo trabajador de toda expoliación, de toda opresión y de toda injusticia.
Para emanciparse, la clase obrera debe, en primer lugar, unirse. Y para unirse
debe tener libertad para unirse, el derecho de unirse, debe tener libertad
política. Ya hemos dicho que el Gobierno autocrático representa la
esclavización del pueblo por los funcionarios y la policía. Por lo tanto, la
libertad política le es necesaria a todo el pueblo, a excepción del puñado de
cortesanos, peces gordos y magnates con acceso a la Corte. Pero quienes más
necesitan la libertad política son los obreros y los campesinos. Los ricos
pueden eludir la arbitrariedad y el despotismo de los funcionarios y la policía
por medio de sobornos. Los ricos pueden conseguir que sus quejas lleguen muy
arriba. Por eso la policía y los funcionarios se permiten menos vejaciones con
los ricos que con los pobres. Los obreros y los campesinos carecen de dinero
para sobornar a la policía y los funcionarios, carecen de medios para quejarse
ante nadie y para pagar pleitos. A los obreros y los campesinos nadie los
librará de los desmanes, el despotismo y los atropellos de la policía y los
funcionarios, mientras no haya en el Estado un gobierno electivo, mientras no
haya una asamblea popular de diputados. Sólo esta asamblea nacional de
diputados de todo el pueblo podrá liberar a éste de la esclavización por los
funcionarios. Todo campesino consciente debe apoyar a los socialdemócratas, que
reclaman del Gobierno zarista, ante todo y sobre todo[13], la convocatoria de
una asamblea popular de diputados. Los diputados deberán ser elegidos por todos,
sin distinción de estamentos, sin diferencias entre pobres y ricos. La elección
deberá ser libre, sin injerencia alguna por parte de los funcionarios, y su
desarrollo deberá ser vigilado por personas de confianza, y no por los guardias
rurales ni por los jefes de los zemstvos. De este modo, los diputados que
representen a todo el pueblo podrán discutir las necesidades de éste e
implantar en Rusia un sistema mejor[14].
Los socialdemócratas exigen que la policía sea despojada
del poder de encarcelar a cualquiera sin intervención de los tribunales de
justicia. Se debe castigar con severidad a los funcionarios que procedan a
detenciones arbitrarias. Para terminar con el despotismo de los funcionarios,
es preciso que los elija el propio pueblo, de tal manera que cada cual pueda
denunciar directamente ante los tribunales a cualquier funcionario. Mientras no
sea así, ¿qué se consigue con quejarse del guardia rural al jefe del zemstvo o
de éste al gobernador? Como es natural, el jefe del zemstvo se limita a encubrir
al guardia rural, y a su vez es encubierto por el gobernador, y encima se
castigará al denunciante, metiéndolo en la cárcel o enviándolo a Siberia. Los
funcionarios no comenzarán a sentir miedo hasta que en Rusia (como ocurre en
todos los demás Estados), cualquier ciudadano goce del derecho a denunciarlos
ante la asamblea popular, o ante los tribunales elegidos, a hablar libremente
de sus necesidades, o a escribir en la prensa acerca de ellas.
El pueblo ruso vive todavía en una dependencia feudal de
los funcionarios. ¡Sin autorización de éstos no se puede llevar a cabo una
reunión ni publicar un libro o un periódico! ¿Acaso no es esto una dependencia
feudal? Y si no es posible organizar reuniones ni publicar libremente libros,
¿cómo obtener justicia contra los funcionarios y los ricachos? Por supuesto,
los propios funcionarios son quienes prohíben que se publique libros al
servicio de la verdad y se pronuncie palabras veraces acerca de la miseria del
pueblo. Este mismo folleto del Partido Socialdemócrata ha debido publicarse y
difundirse clandestinamente. A quien se le encuentre un ejemplar será acusado
ante los tribunales e irá a dar con sus huesos en la cárcel. Pero los obreros
socialdemócratas no temen esto, y cada vez imprimen y distribuyen entre el pueblo
más libros al servicio de la verdad. ¡Y no habrá cárceles ni persecuciones
capaces de detener la lucha por la libertad del pueblo!
Los socialdemócratas exigen que se acabe con los
estamentos y que todos los ciudadanos del Estado gocen exactamente de los
mismos derechos. En Rusia existen hoy estamentos tributarios y otros exentos de
tributos, estamentos privilegiados y no privilegiados, nobles y pecheros, para
los segundos subsiste inclusive el látigo. En ningún país del mundo sufren
tales vejaciones el obrero y el campesino. En ningún país del mundo, salvo en
Rusia, rigen distintas leyes para los distintos estamentos. ¡Ya es hora de que
el pueblo ruso exija que el mujik posea todos los derechos de que goza el
noble! ¿No es ignominioso que más de cuarenta años después de haberse abolido
la servidumbre siga empleándose el látigo, siga habiendo estamento tributario?
Los socialdemócratas exigen plena libertad de movimiento
y de ocupación para el pueblo. ¿Qué quiere decir libertad de movimiento? Quiere
decir que el campesino debe ser libre de ir adondequiera, trasladarse adonde le
plazca, establecerse en cualquier aldea o en cualquier ciudad, sin pedir
permiso a nadie. Quiere decir también que es preciso en Rusia suprimir los
pasaportes internos (que en otros Estados se han suprimido mucho tiempo atrás),
que ningún guardia, ningún funcionario pueda impedir a campesino alguno residir
y trabajar donde mejor le parezca. El mujik ruso se halla todavía tan
esclavizado por los funcionarios, que no puede trasladarse libremente a la
ciudad, ni instalarse en otras tierras sin permiso. ¡El ministro ha ordenado
que los gobernadores no permitan los traslados no autorizados! ¡El gobernador
sabe mejor que el mujik a dónde le conviene a éste ir! ¡El mujik es un niño
pequeño, no puede moverse sin tutor! ¿Acaso no es esto una dependencia feudal?
¿Acaso no es un insulto al pueblo el que cualquier vástago de la nobleza venido
a menos pueda ordenar a un agricultor adulto, dueño de sus tierras, lo que debe
hacer?
Hay un libro titulado Las malas cosechas y las
calamidades del pueblo (es decir, el hambre), escrito por el actual
"ministro de Agricultura", señor Ermólov. En este libro se dice
abiertamente que el mujik no debe cambiar de residencia cuando en el lugar donde
reside los señores terratenientes necesiten mano de obra. El ministro habla con
claridad y sin ambages; cree que el mujik no escuchará tales palabras o no las
comprenderá. ¿Por qué permitir que la gente se marche, cuando los señores
terratenientes necesitan mano de obra barata? Cuanto más apretado viva el
pueblo, mejor para los terratenientes; cuanto mayor sea su penuria, más bajo
resultará su salario, más sumisamente soportará todas las privaciones. Antes,
los administradores cuidaban de los intereses de los señores; hoy cuidan de
ellos los jefes de los zemstvos y los gobernadores. Antes, los primeros
ordenaban dar de latigazos en la cuadra a los siervos; hoy son los segundos
quienes ordenan azotar a los campesinos en las oficinas administrativas del subdistrito.
Los socialdemócratas exigen que se suprima el ejército
regular y que sea sustituido por la milicia popular y el armamento general del
pueblo. El ejército regular es un ejército separado del pueblo y adiestrado
para disparar contra él. Si a los soldados no se los encerrara durante años en
el cuartel y no se los entrenara tan inhumanamente en su oficio, ¿podrían
disparar contra sus hermanos, los obreros y los campesinos? ¿Podrían marchar
contra los mujiks hambrientos? Para defender al Estado contra la agresión del
enemigo no hace falta en modo alguno un ejército regular; basta con una milicia
popular. Si todos los ciudadanos del Estado estuviesen armados, ningún enemigo
sería temible para Rusia. Y el pueblo se vería libre del yugo del militarismo: para
sostenerlo se invierten cientos de millones de rublos por año, dinero que se
extrae al pueblo; por eso son tan grandes los impuestos y por eso la vida se
vuelve cada vez más difícil. El militarismo fortalece todavía más el poder de
los funcionarios y de la policía sobre el pueblo. Es necesario para saquear a
pueblos extranjeros; por ejemplo, para arrebatar territorios a los chinos. Esto
no alivia la situación del pueblo, sino que, por el contrario, la empeora,
debido a los nuevos impuestos. La sustitución del ejército regular por el
armamento general del pueblo significará un gran alivio para todos los obreros
y campesinos.
Y también significará un alivio inmenso para ellos la
supresión de los impuestos indirectos, que los socialdemócratas exigen. Llámense
impuestos indirectos a los que no gravan en forma directa la tierra o la
propiedad, sino que son pagados indirectamente por el pueblo, mediante un
recargo sobre los precios de las mercancías. El fisco grava con impuestos el
azúcar, el vodka, el querosene, las cerillas y los demás objetos de consumo;
estos impuestos los pagan al fisco los comerciantes o los fabricantes, pero no,
como fácilmente se comprende, de su propio bolsillo, sino del dinero que abonan
los compradores. Se recargan los precios del azúcar, del vodka, del queroseno y
de las cerillas, y todo el que compra una botella de vodka o una libra de
azúcar paga, además del precio de la mercancía, el impuesto correspondiente.
Por ejemplo, si ustedes pagan, digamos, catorce kopeks por una libra de azúcar,
cuatro (aproximadamente) representan el impuesto: el fabricante de azúcar se
encargó de abonar por anticipado el impuesto al fisco y ahora se reembolsa, a
costa de cada comprador, la suma que ha pagado. Así pues, los impuestos
indirectos son impuestos que gravan los objetos de consumo, y que paga el
comprador de éstos en forma de recargo sobre el precio. Se dice a veces que los
impuestos indirectos son los más justos, pues uno paga en relación con lo que
compra. Esto no es cierto. Los impuestos indirectos son los más injustos, ya
que al pobre le resultan mucho más gravosos que al rico. El rico cuenta con
ingresos diez y hasta cien veces mayores que el campesino o el obrero. ¿Pero
quiere decir que el rico necesita cien veces más azúcar, o diez veces más
vodka, o cerillas, o querosene? Es claro que no. Una familia rica podrá comprar
dos veces, a lo sumo, tres veces más querosene, vodka o azúcar que una familia
pobre. Lo cual significa que los ricos pagan en concepto de impuestos una parte
menor de sus ingresos que los pobres. Supongamos que los ingresos de un
campesino pobre sean de doscientos rublos por año y que compre, por valor de
sesenta rublos, objetos gravados con impuestos, cuyo precio encarece por ello
(el azúcar, las cerillas, el querosene pagan el impuesto sobre el consumo, que
el industrial debe abonar al fisco antes de lanzar sus productos al mercado; en
el caso del vodka, un monopolio del Estado, el fisco elevó directamente el
precio; los precios del percal, el hierro y otras mercancías encarecieron
porque estos artículos importados no pueden entrar en Rusia sin pagar elevados
aranceles). De los sesenta rublos indicados, calculamos que veinte corresponden
a los impuestos. Ello significa que por cada rublo que gana, el campesino pobre
entrega diez kopeks para pagar impuestos indirectos (sin incluir los directos,
tales como los de rescate, los tributos de pechería, las contribuciones de la
tierra, los impuestos municipales y los del subdistrito y de la comunidad). El
campesino rico tiene un ingreso, supongamos, de mil rublos; compra mercancías
gravadas con impuestos indirectos por valor de ciento cincuenta rublos, de los
cuales cincuenta corresponden, digamos, al pago de los impuestos. Quiere decir
que el ricacho paga en concepto de impuestos indirectos sólo cinco kopeks por
cada rublo de ingresos. Cuanto más rica es una persona, menos impuestos
indirectos paga en proporción a sus ingresos. Los impuestos indirectos son, por
lo tanto, los más injustos de todos. Son los impuestos que pesan sobre los
pobres. Los campesinos y los obreros juntos forman las 9/10 partes del total de
la población y pagan las 9/10 ó las 8/10 partes de todos los impuestos
indirectos. ¡En cambio, no obtienen, probablemente, más de las 4/10 partes de
todos los ingresos! Pues bien, los socialdemócratas exigen la supresión de los
impuestos indirectos y la implantación del impuesto progresivo sobre los
ingresos y las herencias. Es decir, que cuanto mayores sean los ingresos,
mayores deberán ser los tributos. Quien tenga mil rublos de ingresos, que
pague, digamos, un kopek por rublo; el que tenga dos mil, dos, y así
sucesivamente. Los que tengan ingresos más bajos (por ejemplo, de cuatrocientos
rublos para abajo) no pagarán nada. Los que tengan ingresos más altos pagarán
también el impuesto más elevado. Este impuesto, el impuesto de utilidades, o
más exactamente impuesto progresivo de utilidades, sería mucho más equitativo
que los impuestos indirectos. Por eso los socialdemócratas propugnan la
abolición de los impuestos indirectos y la implantación del impuesto progresivo
de utilidades. Pero corno es natural, todos los propietarios, toda la
burguesía, se oponen a tal impuesto y luchan contra él. Y sólo la sólida
alianza de los pobres del campo con los obreros de la ciudad logrará arrancar a
la burguesía esta mejora.
Por último, otra mejora muy importante para todo el
pueblo, y en particular para los pobres del campo, será la instrucción gratuita
de los niños, que exigen también los socialdemócratas. En la actualidad hay en
las aldeas mucho menos escuelas que en las ciudades y, además, en todas partes
sólo las clases ricas, sólo la burguesía, encuentran la posibilidad de dar a
sus hijos una buena instrucción. Únicamente la instrucción gratuita y
obligatoria de todos los niños podrá salvar al pueblo, por lo menos en parte,
de su actual estado de ignorancia. Los pobres del campo son los que más sufren
por la ignorancia y los que más necesitan la instrucción. Pero como es natural,
lo que necesitamos es una verdadera instrucción, una instrucción libre, y no la
que quieren imponer los funcionarios y los popes.
Los socialdemócratas exigen, asimismo, que todos posean
pleno e ilimitado derecho a practicar la religión que mejor les parezca. De los
países europeos, sólo Rusia y Turquía siguen manteniendo leyes bochornosas
contra quienes practican otra religión que no sea la ortodoxa, contra los
cismáticos, los miembros de diversas sectas y los judíos. Estas leyes, o bien
prohíben profesar determinada religión, o prohíben difundirla, o privan de algunos
derechos a quienes la profesan. Todas estas leyes son las más inicuas,
despóticas y vergonzosas que se conocen. Todos deben ser plenamente libres no
sólo para profesar la religión que mejor les parezca, sino para propagar su
religión o cambiarla por otra. Ningún funcionario deberá tener derecho ni
siquiera a preguntar a nadie por su religión, ya que se trata de un asunto de
conciencia en el que nadie debe inmiscuirse. No debe existir ninguna religión
ni Iglesia "dominante". Todas las religiones y todas las iglesias
deben ser iguales ante la ley. Los sacerdotes de las distintas confesiones
deben ser sostenidos por los creyentes de su propia religión, pero el Estado no
tiene que ayudar con el dinero del fisco a ninguna religión, ni mantener a sus
sacerdotes, ni a los ortodoxos, ni a los cismáticos, ni a los miembros de las
sectas, ni a ningunos otros. Por esto luchan los socialdemócratas, y mientras
estas medidas no sean aplicadas sin reservas ni subterfugios, el pueblo no se
verá libre de las ignominiosas persecuciones policíacas por motivos religiosos,
ni de las dádivas policiacas, no menos ignominiosas, en favor de determinada
religión.
* * *
Hemos pasado revista a las mejoras que los
socialdemócratas aspiran a conquistar para todo el pueblo, y en particular para
los pobres. Examinemos ahora cuáles son las mejoras que se proponen obtener
para los obreros, no sólo para los de las fábricas y las ciudades, sino también
para los del campo. Los obreros fabriles viven más hacinados; trabajan en
grandes talleres; les es más fácil aprovechar la ayuda que les brindan los
socialdemócratas instruidos. Por estas razones, los obreros de la ciudad se
lanzaron a la lucha contra los patronos mucho antes que los demás, y
conquistaron mejoras más importantes y la promulgación de las leyes fabriles.
Pero los socialdemócratas luchan por que estas mejoras se hagan extensivas a
todos los obreros: tanto a los kustares, que trabajan para sus patronos a
domicilio, lo mismo en la ciudad que en la aldea, como para los obreros asalariados
ocupados por los pequeños maestros y artesanos, para los obreros de la
construcción (carpinteros, albañiles, etc.), para los obreros de la industria
forestal, para los peones y también, exactamente lo mismo, para los obreros
agrícolas. Todos estos obreros comienzan ahora a unirse, a lo largo de toda
Rusia, siguiendo a los de las fábricas y con ayuda de ellos, para luchar por
mejores condiciones de vida, por una jornada de trabajo más corta y por
salarios más altos. Y el Partido Socialdemócrata se plantea el objetivo de
apoyar a todos los obreros en su lucha por una vida mejor, de ayudarles a
organizar (a unir) en sólidas agrupaciones a los obreros más firmes y más
seguros, ayudarles haciéndoles Llegar folletos y octavillas, enviando obreros
con experiencia para que orienten a los nuevos y ayudarles, en general, en
todas las formas posibles. Cuando gocemos de libertad política, tendremos
también en la asamblea popular de diputados gente nuestra, diputados obreros,
socialdemócratas, quienes, al igual que sus camaradas de otros países, exigirán
la promulgación de leyes en beneficio de los obreros.
No vamos a enumerar aquí todas las mejoras que el Partido
Socialdemócrata aspira a conquistar para los obreros; estas mejoras se enumeran
en el programa y se explican en detalle en el folleto titulado La causa obrera
en Rusia. Bastara con que mencionemos aquí las más importantes. La jornada de
trabajo no deberá exceder de ocho horas diarias. Un día por semana deberá ser
de asueto, y se dedicará al descanso. Quedarán prohibidos por completo el
trabajo en horas extraordinarias y los trabajos nocturnos. Los niños deberán
recibir instrucción gratuita hasta los 16 años, razón por la cual no será
licito que se los admita en un empleo hasta dicha edad. El trabajo de la mujer
será prohibido en las tareas nocivas para la salud. El patrono deberá
indemnizar a los obreros por cualquier accidente que sufran en el trabajo, por
ejemplo, en los casos de accidentes sufridos por los que trabajan en las
trilladoras, las aventadoras, etc. El salario se pagará a todos los obreros
semanalmente, y no una vez cada dos meses o por trimestres, como suele ocurrir
con los obreros contratados para las faenas agrícolas. Es muy importante para
el obrero recibir su paga con puntualidad, todas las semanas, y además, en
dinero contante y no en mercancías. Los patronos son muy aficionados a hacer
que los obreros acepten en concepto de pago todo tipo de mercancías de desecho,
y además a precios exorbitantes; para terminar con estos abusos, la ley debe
prohibir en absoluto que el salario se pague en especie. Además, al llegar a la
vejez, los obreros deberán percibir un subsidio del Estado. Los obreros
sostienen con su trabajo a todas las clases ricas y al Estado, razón por la
cual tienen el mismo derecho a una jubilación que los funcionarios, quienes ya
la perciben. Para que los patronos no abusen de su situación ni infrinjan las
normas establecidas en beneficio de los obreros, se nombrará inspectores no
sólo en las fábricas, sino también en las grandes fincas de los terratenientes
y, en general, en todas las empresas en que trabajen obreros asalariados. Pero
estos inspectores no serán funcionarios, ni los nombrarán los ministros o los
gobernadores; tampoco estarán al servicio de la policía. Los inspectores serán
elegidos por los obreros, y el fisco pagará sus emolumentos a estos
representantes de los obreros elegidos libremente por ellos y que gocen de su
confianza. Estos delegados elegidos por los obreros deberán velar también por
que las viviendas obreras se hallen en buen estado, por que los patronos no
obliguen a los obreros a vivir en perreras o en cuevas (como suele ocurrir con
los obreros agrícolas), por que se respeten las normas sobre descanso obrero,
etc. Pero no debe olvidarse al respecto que ningún delegado elegido por los
obreros prestará utilidad alguna mientras no haya libertad política mientras la
policía sea omnipotente y no sea responsable ante el pueblo. Todo el mundo sabe
que la policía detiene hoy sin mandato judicial, no sólo a los delegados
obreros, sino también a cualquier obrero que se atreve a hablar en nombre de
todos, a denunciar las infracciones de la ley y a llamar a los obreros a la
unión. Pero cuando tengamos libertad política, los delegados obreros realizarán
una labor muy beneficiosa.
Debe prohibirse en absoluto a todos los patronos
(fabricantes, terratenientes, contratistas o campesinos ricos) que efectúen
arbitrariamente descuento alguno de los salarios de los obreros, por ejemplo,
por trabajo defectuoso, en concepto de multas, etc. Es ilegal y arbitrario que
los patronos efectúen a su antojo descuentos de los salarios. Por ningún
concepto ni mediante ningún descuento podrá el patrono disminuir el salario del
obrero. El patrono no puede ser al mismo tiempo juez y parte (¡vaya un juez,
que se embolsa los descuentos efectuados a los obreros!), sino recurrir a un
verdadero tribunal, integrado por representantes elegidos por los obreros y por
los patronos, sobre una base paritaria. Sólo estos tribunales podrán juzgar
equitativamente las quejas de los patronos contra los obreros y las de los
obreros contra los patronos.
Tales son las mejoras que los socialdemócratas aspiran a
conquistar para toda la clase obrera. Los obreros que trabajen en cada finca,
en cada empresa, para cada contratista, deberán reunirse y discutir con
personas de su confianza cuáles son las mejoras a que aspiran y qué
reivindicaciones desean plantear (éstas diferirán, por supuesto, en las
diferentes fábricas y empresas, entre los diferentes contratistas, etc.).
Los comités socialdemócratas ayudan a los obreros de toda
Rusia a formular sus reivindicaciones con claridad y precisión, y a imprimir
octavillas en los que se explican esas reivindicaciones, para que las conozcan
todos los obreros, los patronos y las autoridades. Cuando los obreros defiendan
estas reivindicaciones unidos como un solo hombre, a los patronos no les
quedará más remedio que ceder y aceptarlas. Los obreros de la ciudad han
logrado ya imponer muchas reivindicaciones por este camino, y ahora comienzan
también a unirse (a organizarse) y a luchar por las suyas los kustares, los
artesanos y los obreros agrícolas. Mientras no gocemos de libertad política,
sostendremos esta lucha en secreto, a escondidas de la policía, que prohíbe
todo tipo de octavillas y agrupaciones obreras. Pero cuando hayamos conquistado
la libertad política, llevaremos adelante esta lucha con mayor amplitud y a los
ojos de todos, para que todo el pueblo trabajador, a lo largo de toda Rusia, se
una y, unido, se defienda de cualesquiera vejaciones. Cuanto mayor sea el
número de obreros que se agrupen en el Partido Obrero Socialdemócrata, mayor
será su fuerza, y antes lograrán liberar plenamente a la clase obrera de toda
opresión, de todo tipo de trabajo asalariado, de todo lo que sea trabajar en
beneficio de la burguesía.
* * *
Ya hemos dicho que el Partido Obrero Socialdemócrata no
lucha sólo por mejoras para los obreros, sino también para todos los
campesinos. Veamos ahora cuáles son las mejoras a que aspira.
6. ¿QUE MEJORAS RECLAMAN LOS SOCIALDEMOCRATAS PARA TODOS
LOS CAMPESINOS?
Para lograr la plena emancipación de todos los
trabajadores, los pobres del campo, aliados a los obreros de la ciudad, deberán
luchar contra toda la burguesía, incluyendo a los campesinos ricos. Los
campesinos ricos procuran por todos los medios pagar a sus braceros lo menos
posible y obligarlos a trabajar más tiempo y más duramente; por su parte, los
obreros del campo y de la ciudad deben esforzarse por que los braceros
arranquen a los campesinos ricos mejores salarios, condiciones de trabajo más
humanas y el descanso necesario. Dicho en otros términos, los pobres del campo
deberán crear sus propias agrupaciones, al margen de los campesinos ricos; de
esto ya hemos hablado, y no dejaremos de repetirlo.
Ahora bien, en Rusia todos los campesinos, tanto los ricos
como los pobres, siguen siendo todavía, en muchos aspectos, siervos : todos
ellos forman un estamento inferior, ignorante, tributario; se hallan
subordinados a los funcionarios de la policía y a los jefes de los zemstvos;
trabajan muy a menudo para el señor, en pago por el uso de las tierras
recortadas, de los abrevaderos, los pastizales y prados, exactamente lo mismo
que trabajaban para el señor sus antepasados, bajo el régimen de la
servidumbre. Todos los campesinos aspiran a emanciparse de este nuevo estado de
servidumbre, todos aspiran a conquistar la plenitud de derechos, todos odian a
los terratenientes, que aun ahora los obligan a hacer prestaciones personales,
a "pagar con su trabajo" a los señores nobles por el derecho de usar
los abrevaderos, los pastizales y prados, a trabajar "por los daños"
causados por su ganado en las tierras del señor y a mandar a su mujer a segar
los campos de éste, por "el solo honor de servirlo". Pero todas estas prestaciones pesan más sobre
el mujik pobre que sobre el rico. A veces, el campesino rico se libra mediante
un rescate de trabajar para el señor, aunque, a pesar de ello, también la mayor
parte de los campesinos ricos son oprimidos por los terratenientes. Ello quiere
decir que los pobres del campo tienen que luchar contra la privación de
derechos, contra todo tipo de prestaciones personales y de pago en trabajo, en
unión de los campesinos ricos. Sólo nos emanciparemos de todo sojuzgamiento, de
toda miseria, cuando hayamos derrotado a toda la burguesía (incluyendo a los
campesinos ricos). Pero hay un tipo de sojuzgamiento del que nos liberaremos
antes, pues también a los campesinos ricos los subleva. En Rusia hay todavía
muchos lugares y distritos donde todos los campesinos en conjunto son tratados
como siervos. Por eso todos los obreros rusos y todos los pobres del campo
deben luchar con todas sus fuerzas en dos direcciones: por una parte, aliados a
todos los obreros contra todos los burgueses; por la otra, contra todos los
funcionarios destacados en la aldea, contra los terratenientes feudales, en
alianza con todos los campesinos. Si los pobres del campo no forjan su propia
alianza, al margen de los campesinos ricos, éstos los engañarán, no los tendrán
en cuenta y, al convertirse en terratenientes, no sólo dejarán sin tierras a
los campesinos que no poseen nada, sino que no les reconocerán ni siquiera la
libertad de asociarse. Y si los pobres del campo no luchar en unión de los
campesinos ricos contra el sojuzgamiento feudal, seguirán atados, encadenados a
un lugar, y no disfrutarán tampoco de plena libertad para unirse a los obrero
de las ciudades.
Al principio, los pobres del campo deben descargar sus
golpes contra los terratenientes y sacudirse aunque sólo sea el yugo más feroz,
el más pernicioso, el yugo de los señores; en esta lucha estarán a su lado
muchos campesinos ricos y partidarios de la burguesía, por la sencilla razón de
que todos se sienten ya hartos de la soberbia de los terratenientes. Pero tan
pronto como hayamos cortado las alas al poder de los terratenientes, el
campesino rico levantará cabeza y, con ánimo de apoderarse de todo, alargara
sus garras, por cierto ya bien afiladas y que hasta ahora no han permanecido
ociosas. Quiere decir que no hay que dormirse, sino sellar una alianza fuerte e
indestructible con los obreros de la ciudad. Estos ayudarán a derribar al
terrateniente de su viejo pedestal feudal, y a bajar los himnos al campesino
rico (como ya han bajado los humos, en parte, a sus patronos, los fabricantes).
Sin aliarse a los obreros de la ciudad, jamás se emanciparán los pobres del
campo de todas las formas de sojuzgamiento, penuria y miseria; además de los
obreros, nadie los ayudará, y de nadie pueden fiarse, como no sea de ellos
mismos. Hay, sin embargo, algunas mejoras que podemos alcanzar antes, que
podríamos lograr ya ahora, en los mismos comienzos de esta grandiosa lucha. En
Rusia queda todavía mucho de un tipo de sojuzgamiento que en todos países ha
terminado largo tiempo atrás: el sojuzgamiento de los funcionarios v de los
terratenientes, el sojuzgamiento feudal, del que todos los campesinos rusos
pueden emanciparse ahora mismo.
Veamos cuáles son las mejoras que el Partido Obrero
Socialdemócrata aspira a conquistar en primer lugar, antes que nada, para
librar a todos los campesinos rusos del más feroz sojuzgamiento feudal y dejar
a los pobres del campo las manos libres para que puedan luchar contra toda la
burguesía rusa.
La primera reivindicación del Partido Obrero
Social-demócrata es esta: suprimir inmediatamente todos los pagos en concepto
de rescate, todos los tributos y todos los censos que en la actualidad pesan
sobre los campesinos "tributarios". Cuando los comités de nobles y el
Gobierno noble del zar "liberaron" a los campesinos de la
servidumbre, los campesinos fueron obligados a rescatar sus propias tierras, la
pagar las tierras que venían trabajando desde tiempo inmemorial! Esto era, en
realidad, un robo. Los comités de nobles robaron descaradamente a los
campesinos con la ayuda del Gobierno zarista. En muchos lugares, el Gobierno
zarista envió a las tropas para imponer por la fuerza las actas reglamentarias,
y se impuso castigos militares a los campesinos que se resistían a aceptar las
"míseras" parcelas comunales, muy recortadas. De no haber sido por la
presión de las tropas, por las torturas y los fusilamientos, jamás habrían
podido los comités de nobles despojar a los campesinos de un modo tan insolente
como durante la abolición de la servidumbre. Los campesinos no deben olvidar
jamás cómo los engañaron y estafaron los comités de terratenientes, de nobles,
ya que todavía hoy, cuando se trata de dictar nuevas leyes para los campesinos,
el Gobierno zarista recurre siempre al nombramiento de comités de nobles o de
funcionarios. Hace poco el zar lanzó su manifiesto (del 26 de febrero de 1903),
en el que promete revisar y perfeccionar las leyes referentes a los campesinos.
¿Quiénes serán los encargados de revisarlas y perfeccionarlas? ¡Una vez más los
nobles, una vez más los funcionarios! Los campesinos no dejarán de ser engañados
mientras no impongan la constitución de comités campesinos para aliviar la vida
de la población del campo. ¡Bastante han mandado ya sobre los campesinos los
terratenientes, los jefes de los zemstvos y todo tipo de funcionarios!
¡Bastante ha durado ya esta dependencia feudal de cualquier guardia rural, de
los vástagos degenerados de los señores, llámense jefes de los zemstvos, jefes
de policía o gobernadores! Los campesinos deben exigir que se les dé libertad
para manejar por sí mismos sus asuntos, para pensar, proponer y aplicar por sí
mismos sus nuevas leyes. Los campesinos deben reclamar comités campesinos
libres y electivos, y mientras no lo logren se verán siempre engañados y
despojados por los nobles y los funcionarios. Nadie liberará a los mujiks de
los funcionarios sanguijuelas si no se liberan ellos mismos, si no se unen para
tomar sus asuntos en sus propias manos.
Los socialdemócratas no se limitan a exigir la plena e
inmediata supresión de todos los pagos en concepto de rescate, de todos los tributos
y todo género de prestaciones, sino que reclaman, además, la devolución al
pueblo del dinero que le ha sido arrebatado por el pago de dichos rescates.
Desde el día en que fueron emancipados de la servidumbre por los comités de
nobles, los mujiks de toda Rusia pagaron ya cientos de millones de rublos. Los
campesinos deben reclamar que les devuelvan ese dinero. ¡Que el Gobierno
decrete un impuesto especial sobre los grandes terratenientes de la nobleza,
que se quite las tierras a los monasterios y a la Corona (es decir, la familia
del zar), y que la asamblea popular de diputados disponga de este dinero en
beneficio de los campesinos! En ningún lugar del mundo como en Rusia sufren los
campesinos una vejación tan grande, una depauperación tan tremenda, un azote
tan terrible que los condena por millones a morir de hambre. El campesino ha
llegado en Rusia a semejante extremo porque, tras haberlo despojado los camités
de nobles, lo siguen expoliando año tras año, obligándolo a pagar los viejos
tributos a los herederos de los antiguos señores, estrujándolo con los rescates
y los tributos. ¡Que los saqueadores respondan por sus tropelías! ¡Que se haga
pagar a los grandes terratenientes de la nobleza para que se pueda prestar
ayuda eficaz a los hambrientos! Lo que el mujik hambriento necesita no es
caridad, no es una limosna. Que se le devuelva el dinero que año tras año ha
venido pagando a los terratenientes y al Estado. Cuando eso se logre, podrán la
asamblea popular de diputados y los comités campesinos socorrer de verdad a los
hambrientos.
Además, el Partido Obrero Socialdemócrata exige la
inmediata abolición de la caución solidaria y de todas las leyes que impiden a
los campesinos a disponer de sus tierras. El manifiesto del zar del 26 de
febrero de 1903 promete la abolición de la caución solidaria. Se ha dictado ya
una lev en tal sentido. Pero no basta. Es necesario que también se deroguen
inmediatamente todas las leyes que impiden al campesino disponer libremente de
sus tierras. De otro modo, aunque se suprima la caución solidaria, el campesino
no será del todo libre, seguirá siendo un semisiervo. El campesino debe
adquirir plena libertad para disponer de sus tierras, para entregarlas o
venderlas a quien mejor le parezca, sin permiso de nadie. Y esto no se establece
en el decreto del zar; cualquier noble, comerciante o pequeño burgués puede
disponer libremente de su tierra, y el campesino no. El mujik es un niño
pequeño. Hay que ponerle al lado al jefe del zemstvo para que lo cuide, como
una niñera. ¡Hay que prohibir al mujik que venda su lote de tierra comunal, no
sea que malgaste el dinero! Así razonan los señores feudales, y no faltan
bobalicones que les crean y que, deseando el bien para el mujik, digan que es
necesario prohibirle que venda la tierra. Hasta los populistas (de quienes
hemos hablado más arriba) y otros que se llaman a sí mismos
"socialistas-revolucionarios", se muestran de acuerdo con esto y
opinan que es preferible que nuestro mujik siga siendo un poquito siervo antes
que autorizarlo a vender su tierra.
Los socialdemócratas afirman: Testo es pura hipocresía,
es una actitud feudal, simples palabras almibaradas! Cuando conquistemos el
socialismo, cuando la clase obrera haya triunfado sobre la burguesía, toda la
tierra será común, y nadie, entonces, tendrá derecho a venderla. Pero hasta que
ese día llegue, ¿qué? ¡El noble y el comerciante pueden vender la tierra, y el
campesino no? ¡Van a ser libres el noble y el comerciante, mientras se sigue
manteniendo al campesino en estado de semisiervo? ¡Va a seguir obligándose al
campesino a pedir permiso a la autoridad?
Esto es un engaño, aunque se envuelva en frases melosas,
un puro engaño.
Mientras se permita al noble y al comerciante vender la
tierra, debe concederse también al campesino pleno derecho a vender la suya y a
disponer de ella con absoluta libertad, exactamente lo mismo que el comerciante
y el noble.
Cuando la clase obrera haya triunfado sobre toda la
burguesía, confiscará la tierra a los grandes propietarios y organizará en las
grandes fincas haciendas colectivas, para que la tierra sea cultivada en común
por los trabajadores, quienes elegirán libremente a personas de su confianza
para ocupar los cargos administrativos. Contarán con la maquinaria necesaria
para hacer más llevaderas sus faenas y trabajarán por turnos ocho (o aun seis)
horas diarias. Y entonces, incluso el pequeño campesino que quiera seguir
trabajando solo, a la manera antigua, no trabajará para el mercado, para vender
sus productos al primero que llegue, sino para la cooperativa de obreros:
entregará a ésta el trigo, la carne y las legumbres, y los obreros le
suministrarán a cambio, sin dinero, máquinas, ganado, abonos, ropas y cuanto
necesite. No habrá, entonces, Lucha entre los grandes y los pequeños
propietarios por el dinero; nadie trabajará por un salario en la tierra de
otro, sino que todos los trabajadores laborarán para sí mismos, y todos los
adelantos que se introduzcan en los métodos de producción y toda la maquinaria
redundarán en beneficio de los mismos trabajadores, aliviarán su trabajo y
mejorarán su vida.
Pero toda persona sensata se dará cuenta de que el
socialismo no puede implantarse en una hora: para ello es preciso librar una
lucha desesperada contra toda la burguesía, contra todos y cada uno de los
gobiernos; para ello, es menester unir en una sólida e indestructible alianza a
todos los obreros de la ciudad, a lo largo de toda Rusia, y con ellos a los
pobres del campo. Es esta una causa grandiosa, y por una causa así se puede
sacrificar con gusto la vida entera. Pero mientras no hayamos conquistado el
socialismo, el gran propietario seguirá luchando contra el pequeño por el
dinero. Pues bien, ¿acaso el grande va a ser libre para vender su tierra, y el
pequeño no? Repetimos: los campesinos no son niños pequeños y nadie tiene por
qué llevarlos de la mano; a los campesinos se les debe conceder, sin limitación
alguna, todos los derechos de que disfrutan ya los nobles y los comerciantes.
Se dice también que la tierra que se halla en poder de
los campesinos no es suya, sino de la comunidad de que forman parte. Y a nadie
se le puede permitir que venda la tierra comunal. También esto es puro engaño.
¿Acaso los nobles y los comerciantes no poseen también sus sociedades? ¿Acaso
no se agrupan también en compañías que como tales compran tierras, fábricas y
lo que les parezca? ¿Por qué, entonces, a nadie se le ocurre someter a
restricciones a las sociedades de nobles, y en cambio, cuando se trata del
mujik, cualquier canalla de la policía se las ingenia para inventar restricciones
y prohibiciones? El campesino jamás recibió nada bueno de manos de los
funcionarios; lo único que recibió de ellos fueron palos, exacciones y
vejaciones. Jamás los campesinos podrán esperar beneficio alguno, mientras no
tomen su suerte en sus propias manos, mientras no conquisten la plena igualdad
de derechos y la plena libertad. Si los campesinos desean que sus tierras sean
de propiedad comunal, nadie se atreverá a impedírselo, y ellos mismos, por
acuerdo voluntario, constituirán una sociedad formada por quienes ellos quieran
y como quieran, v redactarán, con absoluta libertad, el contrato social que
mejor les parezca. iY que no se le ocurra a ningún funcionario meter las
narices en los asuntos comunales de los campesinos! ¡Que nadie se atreva a cavilar
e inventar restricciones y prohibiciones para el mujik!
* * *
Finalmente, los socialdemócratas aspiran a conquistar
otra mejora para los campesinos. Quieren desde ahora mismo, inmediatamente,
poner coto al sojuzgamiento feudal, a la opresión señorial que pesa sobre el
mujik. Claro está que no podremos acabar con todo tipo de sojuzgamiento
mientras exista la pobreza, y no se acabará con la pobreza mientras las tierras
y las fábricas sigan en manos de la burguesía, mientras la fuerza principal del
mundo sea el dinero; es decir, mientras no se implante la sociedad socialista.
Pero en Rusia, todavía subsiste en el campo mucho sojuzgamiento, y un
sojuzgamiento verdaderamente feroz, que ya no existe en otros países, aunque
tampoco en éstos se haya implantando el socialismo. En Rusia hay todavía mucho
sojuzgamiento feudal, que beneficia a todos los terratenientes y agobia a todos
los campesinos, y con el que se puede y se debe acabar ahora mismo,
inmediatamente, sin esperar a más.
Expliquemos a qué llamamos sojuzgamiento feudal.
Cualquiera que viva en la aldea conoce casos como los que
siguen. Las tierras del señor lindan con las de los campesinos. En el momento
de la emancipación, se les recortó a éstos tierras que les eran necesarias:
pastizales, bosques y abrevaderos. Los campesinos no pueden arreglárselas sin
estas tierras que les fueron recortadas, sin los pastizales, sin los
abrevaderos. Les agrade o no, deben acudir al terrateniente y pedirle que le
dejen llevar el ganado a beber, a pastar, etc. Pero resulta que el
terrateniente no explota su finca, tal vez no tiene dinero y vive sólo de lo
que saca de sojuzgar a los campesinos. Estos trabajan gratuitamente para él a
cambio del permiso para usar aquellas tierras recortadas, aran las tierras del
señor con su caballo, le recogen el trigo y le siegan el prado, trillan y en algunos
lugares llegan incluso a abonar las tierras del terrateniente con su estiércol,
o le entregan cierta cantidad de tejido casero, huevos y aves. ¡Exactamente lo
mismo que bajo el régimen de la servidumbre! Entonces los campesinos formaban
parte del dominio feudal del señor y trabajaban gratis para él, y ahora siguen
haciendo lo mismo, con mucha frecuencia en las mismas tierras de antes, que los
comités de nobles arrebataron a los campesinos en el momento de la
emancipación. Sigue siendo la misma prestación personal. Los propios campesinos
denominan a estas faenas, en algunas provincias, bárschina o pánschina
(azofra). Pues bien, esto es lo que nosotros llamamos sojuzgamiento feudal. En
el momento de la emancipación de la servidumbre los comités de terratenientes,
de nobles expresamente arreglaron las cosas de modo tal que pudieran seguir
oprimiendo a los campesinos a la manera antigua. Se recortaron en forma
intencional las tierras comunales concedidas a los mujiks, se incrustaron las
tierras del terrateniente como una cuña entre las de los mujiks, con el fin de
que éstos no pudieran siquiera soltar sus gallinas sin invadir tierras ajenas;
asentaron a los campesinos, deliberadamente, en las peores tierras, lograron
que las de los terratenientes bloquearan el paso a los abrevaderos, en una
palabra, arreglaron las cosas de manera que los campesinos se encontraran como
en una trampa, para poder seguir estrujándolos impunemente. Son muchas,
incontables, las aldeas rusas en que los campesinos siguen siendo oprimidos por
los terratenientes, vecinos, igual que en los tiempos de la servidumbre. En
estas aldeas tanto el mujik rico como el pobre se hallan atados de pies y manos
a merced del terrateniente. Esto causa penalidades mucho mayores al campesino
pobre que al rico. El campesino rico posee a veces su tierra propia, y en vez
de ir él mismo, manda un bracero a trabajar en las tierras del señor. Pero el
campesino pobre no tiene escape, y el terrateniente lo hace trizas. El
campesino pobre, así sojuzgado, no puede ni respirar, le es imposible marcharse
de allí para escabullirse de trabajar para el señor, y no puede ni pensar en
unirse libremente, en una alianza, en un partido, con todos los pobres de la
aldea y obreros de la ciudad.
¿Quiere decir que no hay ningún camino para acabar desde
ahora mismo, sin tardanza, con semejante sojuzgamiento? El Partido Obrero
Socialdemócrata ofrece a los campesinos dos caminos para alcanzar ese fin. Pero
repetimos que sólo el socialismo podrá emancipar a todos los pobres de todas
las formas de sojuzgamiento, pues mientras el socialismo no triunfe los ricos
seguirán siendo fuertes y seguirán sojuzgando de un modo o de otro a los
pobres. Es imposible acabar por completo con el sojuzgamiento en todas sus
formas, de golpe y porrazo, pero sí se puede poner coto en considerable medida
al sojuzgamiento más feroz y más abominable, al sojuzgamiento feudal, que
agobia a los campesinos pobres, medios e incluso ricos; es posible obtener un
inmediato alivio para los campesinos.
Los caminos para lograrlo son dos.
El primero consiste en la libre elección de tribunales,
integrados por personas de confianza, representantes de los peones agrícolas y
los campesinos más pobres, así como de los campesinos ricos y los
terratenientes.
El segundo es la libre constitución de comités
campesinos. Estos comités no sólo deberán poseer el derecho de deliberar y
adoptar medidas de todo género para suprimir las prestaciones personales y
eliminar todos los restos del régimen de la servidumbre, sino también de confiscar
a los señores las tierras que recortaron a los campesinos y devolverlas a
éstos[15].
Analicemos un poco más en detalle cada uno de estos dos
caminos. Los tribunales de libre elección, integrados por personas de
confianza, examinarán todas las quejas que les lleguen de los campesinos contra
la opresión a que se los somete. Tendrán el derecho a rebajar el precio pagado
por el arriendo de la tierra, cuando los terratenientes lo hayan elevado
excesivamente, aprovechándose de la miseria de los campesinos. Y también
tendrán el derecho a eximir a los campesinos de todos los pagos abusivos; por
ejemplo, cuando el terrateniente contrata al mujik en invierno para trabajar en
los meses de verano, a mitad de precio, el tribunal examinará el asunto y
fijará el pago justo. Estos tribunales deberán estar formados, por supuesto, no
por funcionarios, sino por personas de confianza libremente elegidas, debiendo
figurar en ellos, indefectiblemente, representantes de los peones agrícolas y
de los pobres del campo, en número igual al de los que representen a los
campesinos ricos y a los terratenientes. Los mismos tribunales entenderán
también en todos los conflictos entre obreros y patronos. Los obreros, y con
ellos todos los pobres del campo, defenderán mejor sus derechos ante estos
tribunales, se unirán con más facilidad y verán con mayor claridad quiénes son
los hombres más seguros y leales, los que apoyan a los pobres y a los obreros.
Más importante aún es el segundo camino. Nos referimos a
los comités campesinos libres, elegidos entre los representantes de los peones
y los campesinos pobres, medios y ricos de cada distrito !o varios comités por
distrito, si los campesinos lo estiman necesario; cabe también la posibilidad
de que se constituyan comités campesinos en cada subdistrito y en cada aldea de
importancia). Nadie sabe mejor que los propios campesinos el sojuzgamiento que
sobre ellos pesa. Nadie sabrá, mejor que ellos, desenmascarar a los
terratenientes que siguen viviendo gracias al sojuzgamiento feudal. Los comités
campesinos decidirán qué tierras recortadas, qué prados, qué pastizales, etc.,
han sido arrebatados injustamente a los campesinos, y si estas tierras deben
serles devueltas en forma gratuita o mediante el pago de una indemnización, por
cuenta de la alta nobleza, a quienes las hayan comprado. Los comités permitirán
a los campesinos, por lo menos, escapar de las redes en que los envolvieron
muchísimos comités de nobles, de terratenientes. Liberarán a los campesinos de
la injerencia de los funcionarios, demostrarán que los campesinos mismos
quieren y pueden solucionar sus asuntos; les ayudarán a ponerse de acuerdo
sobre sus propias necesidades y a elegir a los hombres mejores, capaces de
mantenerse lealmente al lado de los pobres del campo y en favor de su alianza
con los obreros de la ciudad. Los comités campesinos serán el primer paso para
lograr que hasta en las aldeas más remotas los campesinos se abran camino y
tomen su destino en sus propias manos.
Por eso los socialdemócratas advierten a los campesinos:
¡No se fíen de ningún comité de nobles, de ninguna
comisión de funcionarios!
¡Exijan una asamblea de diputados de todo el pueblo!
¡Exijan la constitución de comités campesinos!
¡Exijan plena libertad para publicar libros y periódicos
de todo tipo!
Cuando todo el mundo tenga el derecho a expresar
libremente sus opiniones y sus deseos, sin temor a nadie, ante la asamblea de
diputados de todo el pueblo, ante los comités campesinos y en la prensa, se
verá muy pronto quién está de parte de la clase obrera y quién de parte de la
burguesía. Actualmente, la inmensa mayoría de la gente no piensa siquiera en
eso; algunos ocultan su verdadero modo de pensar, otros no se han formado
todavía una opinión y otros engañan a sabiendas. Pero cuando conquistemos ese derecho,
todo el mundo pensará en estas cosas, nadie necesitará ocultar lo que piensa y
todo se esclarecerá sin demora. Ya hemos dicho que la burguesía atrae a su lado
a los campesinos ricos. Cuanto antes y más completamente se logre acabar con el
sojuzgamiento feudal, cuanto mayores libertades consigan arrancar los
campesinos, antes se unirán entre sí los pobres del campo y antes se unirán los
campesinos ricos a toda la burguesía. ¡Que se unan! Nosotros no lo tememos,
aunque sabemos muy bien que los campesinos ricos saldrán fortalecidos de esta
unión. También nosotros nos unimos, y nuestra alianza —la alianza de los
campesinos pobres con los obreros de la ciudad— abarcará muchísimas más
personas, será la alianza de decenas de millones contra la de cientos de miles.
Sabemos también que la burguesía se esforzará (ya lo hace desde ahora) por
atraer también a su lado a los campesinos medios e incluso a los pequeños
campesinos; procurará engañarlos, ganárselos, desunirlos, les prometerá a cada
uno de ellos encaminarlos también hacia la riqueza. Ya hemos indicado con qué
recursos y con qué engaños se atrae la burguesía al campesino medio. Por lo
tanto, debemos de antemano abrir los ojos a los pobres del campo y fortalecer
su alianza peculiar con los obreros de la ciudad, contra toda la burguesía.
Cada habitante de la aldea debe mirar con los ojos bien
abiertos lo que pasa a su alrededor. ¡Con cuánta frecuencia el mujik rico habla
contra el señor, contra el terrateniente! ¡Cuántas veces se queja de que se
oprime al pueblo, de que la tierra permanece ociosa en poder de los señores!
¡Cómo le gusta murmurar (sin levantar la voz, en privado (que la tierra debería
estar en manos de los mujiks!
Pero ¿podemos creer lo que dicen los ricos? No. No
quieren las tierras para el pueblo, sino para sí mismos. Ya son dueños de mucha
tierra, unas veces comprada y otras arrendada, pero no les basta. Esto
significa que los campesinos pobres no tendrán que marchar mucho tiempo al lado
de los ricos, contra los terratenientes. Sólo podremos dar juntos el primer
paso; luego nuestros caminos se separarán.
Por eso hay que establecer una clara distinción entre ese
primer paso y los otros que deberemos dar, y el paso final, el más importante
de todos. El primer paso en el campo será la plena emancipación de los
campesinos, la conquista de plenos derechos, la constitución de comités
campesinos para que les restituyan los recortes[16]. El último paso será el
mismo en la ciudad como en el campo: confiscaremos todas las tierras y todas
las fábricas a los terratenientes y a la burguesía, y edificaremos la sociedad
socialista.[17] Entre el primer paso y el último tendremos que librar una larga
lucha, y quien confunda el primer paso con el último debilitará esa lucha y
pondrá, sin advertirlo él mismo, una venda sobre los ojos de los pobres del
campo.
El primer paso lo dan los campesinos pobres junto a todos
los campesinos en general. Tal vez se queden al margen algunos kulaks; tal vez
haya un mujik entre cien al que no le indigne ningún tipo de sojuzgamiento.
Pero la gran masa marchará unida y compacta, porque el objetivo es el mismo
para todos: los campesinos necesitan la igualdad de derechos. El sojuzgamiento
feudal los ata a todos de pies y manos. En cambio, el paso final no lo darán
todos los campesinos juntos: al llegar a ese punto, los campesinos ricos se
volverán contra los braceros. Al llegar a ese punto, será necesaria una
poderosa alianza de los campesinos pobres con los obreros socialdemócratas de
la ciudad. Quien diga a los campesinos que pueden dar simultáneamente el primer
paso y el último, engaña al mujik. Pierde de vista la gran lucha que se
desarrolla entre los propios campesinos, la gran lucha entre los pobres del
campo y los campesinos ricos.
Por eso los socialdemócratas no prometen a los campesinos
desde el primer momento el oro v el moro. Por eso reclaman, ante todo, plena
libertad para la Lucha, para la grandiosa lucha de todo el pueblo, de toda la
clase obrera, contra toda la burguesía. Por eso señalan un primer paso,
pequeño, pero seguro.
Hay quienes piensan que nuestra reivindicación de crear
comités campesinos para poner coto al sojuzgamiento y para restituir los
recortes, es una especie de cerca o barrera. Como si dijésemos: detente aquí y
no vayas más allá. Esa gente no ha comprendido lo que se proponen los socialdemócratas.
La exigencia de constituir comités campesinos para limitar el sojuzgamiento y
devolver los recortes no es una barrera. Es una puerta. Una puerta por la que
es preciso pasar para ir más adelante, para marchar por el camino ancho y
despejado, hasta el fin, hasta la plena emancipación de todo el pueblo
trabajador de Rusia. Mientras los campesinos no atraviesen esa puerta, seguirán
sumidos en la ignorancia, en el sojuzgamiento, carecerán de plenos derechos y
de plena y verdadera libertad, no podrán siquiera distinguir con claridad entre
ellos mismos quién es el amigo del obrero y quién el enemigo. Por eso los
socialdemócratas señalan esa puerta y dicen que, antes que nada, todo el pueblo
tiene que presionar contra ella hasta derribarla y dejar el paso libre. Pero
hay personas que se llaman populistas y socialistas-revolucionarios y que,
animadas también de buenas intenciones hacia el mujik, alborotan, gritan y
agitan los brazos, desean ayudar, pero ¡no ven esa puerta! Son tan ciegos que
llegan a decir: no hay que conceder al mujik el derecho a disponer libremente
de su tierra. ¡Quieren lo mejor para el mujik, pero a veces razonan igual que
los defensores del régimen de la servidumbre! De amigos como ésos no hay que
esperar mucha ayuda. ¿De qué sirve desear el bien del mujik, si ni siquiera son
capaces de ver con claridad la primera puerta que es preciso derribar? ¿De qué
sirve que también aspiren al socialismo, si no ven cómo hay que salir al camino
de la lucha libre del pueblo por el socialismo, no sólo en la ciudad, sino
también en el campo; no sólo contra los terratenientes, sino también contra los
campesinos ricos dentro de la comunidad rural?
Por eso los socialdemócratas señalan con tanta
insistencia esa puerta, que es la primera y la más cercana. En esta etapa, lo
difícil no es expresar un montón de buenas intenciones, sino señalar el camino
correcto, comprender claramente cómo hay que dar el primer paso. Durante los
últimos cuarenta años, todos los amigos del mujik han venido hablando y escribiendo
que el campesino ruso vive aplastado baja el sojuzgamiento, que sigue siendo un
semisiervo. Mucho antes de que aparecieran los socialdemócratas en Rusia, todos
los amigos del mujik escribieron innumerables libros en los que describían los
vergonzosos procedimientos a que recurrían los terratenientes para robarle los
recortes ele tierra y esclavizarlo. En la actualidad, todas las personas
honestas entienden que es menester ayudar al mujik sin pérdida de tiempo, en
seguida; que es urgente por lo menos aliviarle esa esclavitud; hasta los
funcionarios de nuestro Gobierno policiaco comienzan a hablar de ello. El
problema es: ¿cómo abordar el asunto, cómo dar el primer paso, cuál es la
primera puerta que hay que derribar?
Las personas más diversas (entre las que quieren bien al
mujik) ofrecen dos respuestas diferentes a esta pregunta. Todos los proletarios
rurales deben tratar de entender cada una de estas dos respuestas y formarse
una opinión definida y firme acerca de ellas. Una de las respuestas es la que ofrecen
los populistas y los socialistas revolucionarios. Lo primero –dicen– es
desarrollar entre los campesinos todo tipo de cooperativas. Hay que fortalecer
la comunidad rural. No se debe conceder al campesino el derecho a disponer
libremente de su tierra. Que la comunidad rural tenga mayores derechos, Tic
toda la tierra de Rusia pase poco a poco a pertenecer a la comunidad[18]. Se
debe facilitar a los campesinos, por todos los medios, la compra de tierras,
para que éstas vayan pasando más fácilmente del capital al trabajo.
La otra respuesta es la que ofrecen los socialdemócratas.
Ante todo, el campesino debe conquistar todos los derechos de que gozan el
noble y el comerciante, sin excepción alguna. El campesino debe tener pleno
derecho a disponer libremente de su tierra. Para acabar con el más ignominioso
sojuzgamiento, deben constituirse comités campesinos para la devolución de los
recortes[19]. No necesitamos la unión en la comunidad, sino la unión de los
campesinos pobres de las diferentes comunidades rurales de toda Rusia, la
alianza de los proletarios del campo con los proletarios de la ciudad. Todos
los tipos de cooperativas y la compra de tierras por la comunidad redundarán
siempre, sobre todo, en favor de los campesinos ricos, y servirán para engañar
a los campesinos medios.
El Gobierno ruso se da cuenta de que es preciso aliviar
la situación de los campesinos, pero trata de salir del paso con unas cuantas
bagatelas, quiere hacerlo todo por medio de sus funcionarios. Los campesinos
deben estar en guardia, pues las comisiones de funcionarios los volverán a
engañar, lo mismo que los engañaron los comités de nobles. Deben exigir la
libre elección de comités campesinos. Lo importante no es esperar que los
funcionarios brinden ayuda, sino que los mismos campesinos tomen su suerte en
sus propias manos. No importa que al comienzo no demos más que un paso y sólo
nos liberemos del sojuzgamiento más feroz, lo importante es que los campesinos
adquieran conciencia de su fuerza, que lleguen libremente a un acuerdo común y
se unan. Ninguna persona honesta negará que los recortes sirven muy a menudo
para el más despiadado sojuzgamiento feudal. Ninguna persona honesta negará que
nuestra reivindicación es la primordial y la más justa: que los campesinos
elijan libremente sus comités, sin la injerencia de los funcionarios, para
acabar con todo el sojuzgamiento feudal.
En los libres comités campesinos (como también en la
libre asamblea de diputados de toda Rusia), los socialdemócratas harán cuanto
esté a su alcance para consolidar la alianza peculiar de los proletarios del
campo con los proletarios de la ciudad. Los socialdemócratas defenderán todas
las medidas en beneficio de los proletarios del campo, y una vez dado el primer
paso, los ayudarán a dar cuanto antes, y lo más unidos que sea posible, el
segundo y el tercero, y así sucesivamente, hasta el final, hasta el triunfo
total del proletariado. Pero ¿podemos saber ya hoy, de antemano, qué
reivindicaciones estarán al orden del día en relación con el segundo paso que mañana
haya que dar? No, no es posible saberlo, por la sencilla razón de que no
sabemos qué actitud adoptarán mañana los campesinos ricos y muchas personas
instruidas que se ocupan de todo tipo de cooperativas y del traspaso de la
tierra del capital al trabajo.
Puede ocurrir que el día de mañana no lleguen a un
entendimiento con los terratenientes y quieran descargar el golpe final sobre
el poder de éstos. ¡Magnífico! Los socialdemócratas verían esto con muy buenos
ojos, y aconsejarán al proletariado del campo y de la ciudad que exija la
confiscación de todas las tierras de los terratenientes y su entrega al Estado
libre del pueblo. Los socialdemócratas velarán atentamente por que en ese
momento los proletarios del campo no sean engañados, por que sus fuerzas se
robustezcan todavía más para la lucha definitiva por la liberación total del
proletariado.
Pero puede ser que las cosas sucedan de otro modo. Y esto
quizá sea lo más probable. Es posible que el día de mañana los campesinos ricos
y muchas personas instruidas, una vez que se ponga coto al peor sojuzgamiento,
se unan a los terratenientes, y que entonces toda la burguesía rural se alce
contra todo el proletariado del campo. En esas condiciones, sería ridículo
luchar sólo contra los terratenientes. Si ello ocurriera, tendríamos que luchar
contra toda la burguesía y exigir, ante todo, la mayor libertad y el mayor
alcance para esa lucha, exigir mejores condiciones de vida para los obreros, a
fin de facilitar esa Lucha.
En todo caso, suceda así o de otro modo, nuestro deber
primordial, fundamental e indefectible será, fortalecer la alianza de los
proletarios y semiproletarios del campo con los proletarios de la ciudad. Y
para poner en pie esta alianza necesitamos desde ahora, inmediatamente, la
plena libertad política para el pueblo, la completa igualdad de derechos para
los campesinos y la abolición del sojuzgamiento feudal. Y cuando esta alianza
se haya creado y fortalecido, desenmascararemos cualquier engaño a que recurra
la burguesía para atraer a su lado al campesino medio, daremos fácil y
rápidamente el segundo paso, el tercero y el paso final contra toda la
burguesía, contra las fuerzas del Gobierno, marcharemos inconteniblemente hacia
la victoria y conquistaremos pronto la plena liberación de lodo el pueblo
trabajador.
7. LA LUCHA DE CLASES EN EL CAMPO
¿Qué es la lucha de clases? Es la lucha de una parte del
pueblo contra otra, la lucha de la masa de los que carecen de derechos, de los
oprimidos y los trabajadores, contra los privilegiados, los opresores y los
parásitos; la lucha de los obreros asalariados o proletarios, contra los
propietarios o la burguesía. En el campo ruso siempre se ha sostenido y sigue
empeñada hoy esta gran lucha, aunque no todos la perciban ni todos comprendan
su significado. Cuando existía la servidumbre, toda la masa campesina luchaba
contra sus opresores, contra la clase terrateniente, amparada, defendida y
sostenida por el Gobierno zarista. Los campesinos no podían unirse, vivían en
aquel tiempo sumidos en la ignorancia, no contaban con el apoyo y la
fraternidad de los obreros de las ciudades. Pero a pesar de todo luchaban como
sabían y como podían. No temían las bestiales persecuciones del Gobierno, no
los arredraban los feroces castigos ni las balas, no prestaban oídos a los
popes, quienes les juraban y perjuraban que el régimen de la servidumbre estaba
santificado por las Sagradas Escrituras y legitimado por Dios (así, en efecto,
se expresó entonces el metropolita Filaret); los campesinos se levantaban en
armas, unas veces aquí y otras veces allá., hasta que por último el Gobierno
tuvo que ceder, por miedo a que se produjera una insurrección general de todos
los campesinos.
La servidumbre fue abolida, pero no del todo. Los
campesinos siguieron privados de derechos, continuaron siendo un estamento
inferior, tributario, ignorante; siguió clavándose en ellos la zarpa del
sojuzgamiento feudal. Y los campesinos siguen rebelándose, siguen exigiendo la
plena y verdadera libertad. Entre tanto, después de la abolición de la
servidumbre surgió y se desarrolló una nueva lucha de clases, la lucha del
proletariado contra la burguesía. Creció la riqueza, se construyeron
ferrocarriles y grandes fábricas, las ciudades se hicieron todavía más
populosas y lujosas, pero todas estas riquezas se concentraban en manos de un
puñado de gente, mientras el pueblo, cada día más pobre, más arruinado y
hambriento, se desesperaba por ganar un jornal trabajando para otros. Los
obreros de la ciudad comenzaron la nueva y grandiosa lucha de todos los pobres
contra todos los ricos. Los obreros de la ciudad, unidos en el Partido
Socialdemócrata, entablan su lucha con tenacidad, perseverancia y firmeza,
avanzan paso a paso, se preparan para el grande y definitivo combate y exigen
la libertad política para todo el pueblo.
Por último, llegó a agotarse también la paciencia de los
campesinos. En la primavera del año pasado, 1902, los campesinos de Poltava,
Járkov y otras provincias se sublevaron contra los terratenientes, se
apoderaron de sus graneros, se repartieron sus bienes, entregaron a los
hambrientos el trigo sembrado y recogido por el mujik, pero apropiado como suyo
por el terrateniente, y exigieron una nueva distribución de la tierra. Cansados
ya de la opresión feroz de que eran víctimas, se lanzaron en busca de una
suerte mejor. Decidieron –y con absoluta razón– que valía más caer peleando
contra los opresores que morir ignominiosamente, extenuados por el hambre. Pero
los campesinos no alcanzaron la suerte mejor que buscaban. El Gobierno zarista
declaró sencillamente que eran unos amotinados y saqueadores (por haber
confiscado a los terratenientes saqueadores el trigo sembrado y recolectado por
los campesinos), y envió contra ellos a las tropas, como si se tratara de dar
la batalla al enemigo; los campesinos fueron derrotados, fueron fusilados,
asesinados a montones, bestialmente apaleados, a veces hasta la muerte,
torturados como ni siquiera los turcos torturaban a sus enemigos, los
cristianos. Los enviados del zar, los gobernadores, eran los que con mayor saña
los atormentaban, como verdaderos verdugos. Los soldados violaban a las mujeres
y a las hijas de los campesinos: Y como remate, los campesinos tuvieron que
comparecer ante un tribunal de funcionarios, fueron condenados a pagar a los
terratenientes la suma de ochocientos mil rublos, y en esos infames juicios secretos,
no se permitió siquiera que los defensores denunciaran cómo habían sido
torturados y martirizados les campesinos por los enviados del zar, por el
gobernador Obolenski y otros sicarios zaristas.
Los campesinos luchaban por una causa justa. La clase
obrera rusa honrará siempre la memoria de los mártires fusilados y apaleados
hasta la muerte por los lacayos zaristas. Esos mártires fueron combatientes por
la libertad y la felicidad del pueblo trabajador. Los campesinos fueron
derrotados, pero seguirán rebelándose una y otra vez, sin amilanarse ante la
primera derrota. Los obreros conscientes se esforzarán por dar a conocer la
lucha de los campesinos, con la mayor amplitud posible, al pueblo trabajador de
la ciudad y del campo, y los ayudarán a prepararse para una nueva y más
victoriosa lucha. Los obreros conscientes empeñarán todas sus fuerzas en ayudar
a los campesinos a comprender claramente por qué .fue aplastada la primera
insurrección campesina (1902), y qué debe hacerse para que la victoria sea de
los campesinos y los obreros, y no de los sicarios zaristas.
La insurrección campesina fue aplastada porque era el
levantamiento de una masa ignorante e inconsciente, un levantamiento sin
reivindicaciones políticas claras y definidas, es decir, sin la reivindicación
de un cambio de régimen estatal. La insurrección campesina fue aplastada porque
no había sido preparada. La insurrección campesina fue aplastada porque los
proletarios del campo no habían forjado todavía su alianza con los proletarios
de la ciudad. Estas son las tres causas de la primera derrota campesina. Para
que la insurrección triunfe, debe ser consciente y preparada de antemano; debe
extenderse a toda Rusia y realizarse en alianza con los obreros de la ciudad. Y
cada paso en la Lucha de los obreros de las ciudades, cada folleto o periódico
socialdemócratas, cada discurso dirigido por un obrero consciente a los
proletarios del campo, acercan la hora en que se repetirá la insurrección, para
terminar en la victoria.
Los campesinos se levantaron inconscientemente,
sencillamente porque ya no podían seguir aguantando, porque no querían morir en
silencio y sin resistencia. Era tanto lo que sufrían por los saqueos, la
opresión y los martirios, que no podían creer ni por un minuto en los vagos rumores
que les hablaban de la clemencia del zar; no podían dejar de pensar que toda
persona sensata reconocerla como justo que el trigo se repartiera entre los
hambrientos, entre los que se habían pasado la vida trabajando para otros,
sembrando y cosechando el trigo, y que ahora morían de hambre junto a los
rebosantes graneros "del señor". Los campesinos olvidaban, al
parecer, que las mejores tierras, que todas las fábricas e industrias, han sido
acaparadas por los ricos, por los terratenientes y la burguesía precisamente
para eso, para que el pueblo hambriento se encuentre obligado a trabajar para
ellos. Olvidaban que en defensa de la clase rica no sólo predican los popes,
sino que se alza también el Gobierno zarista, con todo su cortejo de
funcionarios y soldados. El Gobierno zarista se encargó de recordárselo a los
campesinos. El Gobierno zarista enseñó a los campesinos, con una crueldad
bestial, qué es el poder del Estado, a quién sirve y a quién defiende. A
nosotros nos toca recordar más a menudo esta lección a los campesinos, para que
entiendan fácilmente por qué hay que cambiar el régimen estatal, por qué
necesitamos la libertad política. Las insurrecciones campesinas dejarán de ser
inconscientes cuando sea mayor el número de los que comprendan esto, cuando
cada campesino que sabe leer y escribir, y que piensa por su cuenta, conozca
las tres reivindicaciones principales por las que hay que luchar ante todo. La
primera de estas reivindicaciones es la convocatoria de una asamblea de
diputados de todo el pueblo para instaurar en Rusia un gobierno popular
electivo, y no un gobierno autocrático. La segunda, libertad para publicar todo
tipo de libros y periódicos. La tercera, reconocimiento legal de la plena
igualdad de derechos entre los campesinos y los demás estamentos, y
constitución de comités campesinos para acabar, antes que nada, con todos los
restos de opresión feudal. Estas son las reivindicaciones primordiales y
fundamentales de los socialdemócratas, y a los campesinos no les resultará
difícil, ahora, comprender estas reivindicaciones, entender por dónde hay que
empezar la lucha por la libertad del pueblo. Y cuando los campesinos comprendan
estas reivindicaciones, entenderán también que es necesario prepararse de
antemano, larga, tenaz y perseverantemente, para la lucha, no en forma
individual, sino junto con los obreros de las ciudades, con los
socialdemócratas.
Cada obrero, cada campesino consciente debe agrupar a su
alrededor a los camaradas más sensatos, seguros y audaces. Debe explicarles qué
quieren los socialdemócratas, para que todos comprendan qué lucha hay que
librar y qué reivindicaciones es preciso plantear. Los socialdemócratas
conscientes deben comenzar a enseñar a los campesinos la doctrina
socialdemócrata, poco a poco y con prudencia, pero sin flaquear; darles a leer
folletos socialdemócratas y explicarles su contenido en pequeñas reuniones de
personas dignas de confianza.
Pero la doctrina socialdemócrata no debe explicarse sólo
en los libros, sino a la luz de cada ejemplo, de cada caso de opresión y de
cada injusticia que surjan cerca de nosotros. La doctrina socialdemócrata es la
doctrina de la lucha contra toda opresión, contra toda depredación, contra toda
injusticia. Sólo es verdadero socialdemócrata quien, conociendo las causas de
la opresión, lucha durante toda su vida contra todos los casos en que se
manifiesta. ¿Cómo? Los socialdemócratas conscientes, reunidos en su ciudad o en
su aldea, deberán decidir ellos mismos cómo hacer esto para que reporte el
mayor beneficio a la clase obrera. Pondré como ejemplo uno o dos casos.
Supongamos que un obrero socialdemócrata llegue de visita a su aldea, o que
simplemente acierte a encontrarse en una aldea que no es la suya. La aldea
entera se halla, como la mosca atrapada en la tela de araña, en las garras de
un terrateniente vecino; siempre vivió en ese estado de sojuzgamiento, sin
poder librarse ni escaparse de él. Hay que elegir en el acto a los campesinos
más inteligentes, sensatos y seguros, a los que buscan justicia y no se dejan
amedrentar por el primer esbirro policiaco, y explicarles de dónde proviene ese
sojuzgamiento irremediable que pesa sobre ellos, mostrarles cómo los
terratenientes engañaron a los campesinos y los despojaron por medio de los
comités de nobles, hablarles acerca de la fuerza de los ricos y del apoyo que
les presta el Gobierno zarista, y exponer cuáles son las reivindicaciones de
los obreros socialdemócratas. Cuando los campesinos entiendan todo este
mecanismo, nada complicado, tendrán que discutir, todos unidos, si es posible
oponer una resistencia conjunta a este terrateniente, si es posible presentarle
las primeras y fundamentales reivindicaciones (del mismo modo que los obreros,
en la ciudad. presentan sus reivindicaciones a los patronos). Si el
terrateniente sojuzga a un pueblo grande o a varias aldeas, lo mejor sería
conseguir que el comité socialdemócrata más cercano, por medio de personas de
confianza, enviara una octavilla en la que el comité explique, desde el
principio, qué sojuzgamiento pesa sobre los campesinos y qué exigen éstos en
primer término (que se rebajen las rentas de la tierra, que las contrataciones
para el invierno se ajusten a las tarifas de jornales existentes v no se pague
la mitad de dichas tarifas, que no se apliquen penas abusivas por los daños
causados por el ganado en las tierras del señor, que se ponga coto a los
abusos, etc., etc.). Con tal octavilla todos los campesinos que sepan leer se
darán cuenta en seguida de qué se trata, y se encargarán de explicárselo a
quienes no saben leer. De esta manera, los campesinos comprenderán con claridad
que los socialdemócratas están con ellos y que condenan toda depredación.
Comenzarán entonces a entender qué mejoras, por pequeñas que sean todavía, pero
mejoras al fin y al cabo, es posible lograr ya ahora, inmediatamente, si se
mantienen unidos, y qué notables avances podrán lograrse en todos los ámbitos
del Estado por medio de la lucha conjunta con los obreros de la ciudad, con los
socialdemócratas. Los campesinos comenzarán, así, a prepararse cada vez más
para esta gran lucha, empezarán a aprender cómo hay que saber encontrar a
personas seguras y cómo es preciso sostener sus reivindicaciones. Tal vez en
alguna ocasión puedan organizar una huelga, como lo hacen los obreros de la
ciudad. Es verdad que en el campo esto resulta más difícil, mas pese a todo es
posible, a veces, y en otros países hubo huelgas victoriosas en el campo, por
ejemplo en la época de cosecha, en que los terratenientes y los labradores
ricos necesitan obreros a toda costa. Si los campesinos pobres se preparan para
la huelga, si de antemano se han puesto de acuerdo sobre las reivindicaciones
generales, y si estas reivindicaciones han sido bien explicadas en octavillas u
oralmente en las reuniones, todos se mantendrán unidos como un solo hombre, y
al terrateniente no le quedará más remedio que ceder, o por lo menos moderará
algo su voracidad. Si la huelga es unánime y se declara en el momento oportuno,
al terrateniente e incluso a la autoridad con sus tropas les será difícil
encontrar una solución, pues el tiempo corre, el terrateniente se verá abocado
a la ruina, y en estas condiciones se avendrá muy pronto a razones. Se trata,
claro está, de algo nuevo, y en general las cosas nuevas no salen bien desde el
principio. Tampoco los obreros de las ciudades sabían, al comienzo, mantener la
lucha unidos, no sabían qué reivindicaciones presentar, sino que se dedicaban
simplemente a destrozar las máquinas y las fábricas. Pero ahora ya han
aprendido a luchar unidos. Todas las cosas nuevas hay que aprenderlas. Ahora
los obreros saben que sólo se puede lograr una mejora inmediata si se mantienen
unidos; entretanto, el pueblo se inclina cada vez más a la resistencia conjunta
y se prepara cada vez más para el grande y decisivo combate. También los campesinos
aprenderán cómo hay que dar una respuesta a los más feroces depredadores, cómo
hay que unirse para exigir mejoras, prepararse poco a poco, tenazmente y en
todas partes, para la gran batalla por la libertad. El número de obreros y
campesinos conscientes crecerá sin cesar, los grados de socialdemócratas en el
campo se harán cada vez más vigorosos, y cada caso de sojuzgamiento del señor,
cada caso de extorsión del pope, de bestialidad policíaca o de abuso de las
autoridades servirá para abrir más y más los ojos al pueblo, para enseñarle a
oponer una resistencia unida, para habituarlo a la idea de que hay que cambiar
por la fuerza el régimen estatal existente.
Ya decíamos al iniciar este folleto que el pueblo
trabajador de las ciudades se lanza ahora a las calles y a las plazas, exige
abiertamente, ante todo el mundo, la libertad, e inscribe en sus banderas y
grita "¡Abajo la autocracia!". No está lejano el día en que el pueblo
trabajador de la ciudad se levante, no sólo para desfilar gritando por las
calles, sino para el gran combate final; el día en que los obreros, como un
solo hombre, exclamen: "¡O morir en la lucha o triunfar en la
libertad!"; en que el puesto de los centenares de muertos y caídos en la
lucha sea ocupado por miles de combatientes aun más resueltos. Ese día se
levantarán también los campesinos, a lo largo de toda Rusia, y acudirán en
ayuda de los obreros de la ciudad, lucharán hasta el final por la libertad
campesina y obrera. Y entonces no habrá bandas del zar capaces de soportar esa
ofensiva. ¡El triunfo será del pueblo trabajador, y la clase obrera avanzará
por el ancho y despejado camino que conduce a la emancipación de todos los
trabajadores de cualquier género de opresión! ¡La clase obrera se valdrá de la
libertad para luchar por la victoria del socialismo!
________
PROGRAMA DEL PARTIDO OBRERO SOCIALDEMOCRATA DE RUSIA,
PROPUESTO POR EL PERIODICO "ISKRA"
CONJUNTAMENTE CON LA REVISTA "ZARIA"
Ya hemos explicado qué es un programa, para qué hace
falta y por qué el Partido Socialdemócrata es el único que presenta un programa
claro y definido. La aprobación definitiva del programa corresponde de manera
exclusiva al congreso de nuestro Partido, es decir, a la asamblea de
representantes de cuantos militan en él. Este congreso lo prepara actualmente
el Comité de Organización. Pero muchísimos comités de nuestro Partido se han
declarado ya abiertamente de acuerdo con Iskra, reconociendo a este periódico
como el órgano dirigente. Por tanto, nuestro proyecto (o propuesta) de programa
puede servir muy bien para dar a conocer con toda exactitud, antes de
celebrarse el congreso, lo que quieren los socialdemócratas, por lo cual
consideramos necesario ofrecer e] texto íntegro de este proyecto como apéndice
a nuestro folleto.
Es cierto que no todos los obreros comprenderán sin una
explicación lo que se plantea en el programa. Muchos grandes socialistas
trabajaron para crear la doctrina socialdemócrata, a la que dieron forma
definitiva Marx y Engels; mucho tuvieron que sufrir los obreros de todos los
países para adquirir la experiencia que nosotros queremos aprovechar, que
deseamos sirva de base a nuestro programa. Los obreros deben, pues, estudiar la
doctrina socialdemócrata para estar en condiciones de entender cada una de las
palabras del programa, del que es su programa, su bandera de Lucha. Y los
obreros comprenden y asimilan con singular facilidad el programa
socialdemócrata, pues en él se habla de lo que todo obrero consciente ha vivido
y experimentado. Nadie debe dejarse asustar por cualquier
"dificultad" con que tropiece para entender el programa: cuanto más
se adentre cada obrero en su lectura, y cuanto mayor sea su experiencia en la
lucha, más a fondo lo entenderá. Todos deben meditar y discutir el programa de
los socialdemócratas en su integridad, sin perder de vista en ningún momento
todo lo que quieren los socialdemócratas y lo que piensan acerca de la
emancipación de todo el pueblo trabajador. Los socialdemócratas quieren que
todo el mundo conozca con claridad y exactitud, hasta el final, la verdad
acerca de lo que es el Partido Socialdemócrata.
No podemos detenernos a explicar aquí en detalle todo el
programa. Para ello haría falta un folleto especial. Nos limitaremos a señalar
brevemente de qué habla el programa, y aconsejamos al lector que recurra a la
ayuda de dos libros. Uno es el escrito por el socialdemócrata alemán Karl
Kautsky, con el título de El programa de Erfurt, y que ha sido traducido al ruso.
Otro es el del socialdemócrata ruso, L. Mártov, y se titula La causa obrera en
Rusia. Estos dos libros ayudarán a comprender todo nuestro programa.
Ahora designaremos cada parte de nuestro programa con una
letra especial (véase el programa más abajo), e indicaremos de qué se habla en
cada una de ellas.
A) Desde el comienzo mismo se habla de que el
proletariado lucha en el mundo entero por su emancipación, y de que el
proletariado ruso no es sino un destacamento del ejército mundial que forma la
clase obrera de todos los países.
B) En seguida se expone cuál es el régimen burgués en
casi todos los países del mundo, entre ellos Rusia. Cómo se hunde en la pobreza
y en la miseria la mayoría de la población, que trabaja para los terratenientes
y capitalistas; cómo se arruinan los pequeños artesanos y los campesinos,
mientras crecen las grandes fábricas; cómo explota el capital al obrero, y
también a su mujer y sus hijos; cómo empeora la situación de la clase obrera y
aumentan la desocupación y la miseria.
C) Luego se habla de la unión de los obreros, de su lucha
y de la gran meta de esta lucha: liberar a todos los oprimidos y acabar por
completo con todo tipo de opresión de los ricos sobre los pobres. Esta parte
explica también por qué la clase obrera es cada vez más fuerte, y por qué
triunfará indefectiblemente sobre todos sus enemigos, sobre todos los
defensores de la burguesía.
D) A continuación se dice para qué fueron creados los
partidos socialdemócratas en todos los países, cómo ayudan a la clase obrera a
sostener su lucha, cómo unen y orientan a los obreros, los ilustran y preparan
para el gran combate.
E) Seguidamente se explica por qué en Rusia el pueblo
vive peor que en otros países; cuál es el peor de los males, la autocracia
zarista, y cómo lo primero que necesitamos es derrocarla e instaurar en Rusia
un gobierno electivo del pueblo.
F) ¿Qué mejoras deberá aportar a todo el pueblo este
gobierno electivo? De ello hablamos en el presente folleto y de ello se habla
también en el programa.
G) Después, el programa señala qué mejoras hay que
conquistar inmediatamente para toda la clase obrera, de modo que pueda vivir
mejor y luchar con mayor libertad por el socialismo.
H) En el programa se señalan en especial las mejoras que
es necesario conquistar en primer término para todos los campesinos, al objeto
de que los pobres del campo puedan desplegar con mayores facilidades y libertad
la lucha de clase contra la burguesía rural y contra toda la burguesía
I) Por último, el Partido Socialdemócrata advierte al
pueblo para que no dé crédito a las promesas o palabras melosas de la policía
ni de los funcionarios, sino que luche firmemente por la inmediata convocatoria
de una libre asamblea de diputados de todo el pueblo.
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[1] En la edición de 1905, desde aquí hasta el fin del
párrafo, el texto decía lo siguiente: "Ahora el Gobierno nos promete
libertad de palabra y de reunión e inmunidad personal, pero esas promesas son
un engaño. La policía ha empezado otra vez a disolver las reuniones. Los
periódicos obreros son clausurados nuevamente; los socialdemócratas son
arrestados y retenidos en la cárcel. En Cronstadt, Sebastopol, Moscú, el
Cáucaso, el Sur, y en toda Rusia, se fusila a quienes luchan por la
libertad". Ed.
[2] Aquí, en las págs. 142 y 145 y adelante del presente
volumen, las palabras "Duma de Estado" fueron sustituidas, en la
edición de 1905, por "asamblea popular de diputados". Ed.
[3] En la edición de 1905 se incluyó aquí el siguiente
texto: "¿Quién declaró la guerra a los japoneses?81 El Gobierno. ¿Preguntó
éste al pueblo si quería pelear por las tierras de Manchuria? No, nada le
preguntó, porque el jefe del Estado gobierna al pueblo por intermedio de sus
funcionarios. Así, el pueblo está hundido en la miseria a causa de la penosa
guerra que le impuso el Gobierno. Han perecido cientos de miles de jóvenes
soldados, y sus familias pasan hambre; la flota rusa está destrozada, las
tropas rusas fueron expulsadas de Manchuria; se gastó más de dos mil millones
de rublos (lo que equivale a cien rublos por familia, de los 20 millones de
hogares de Rusia). El pueblo no necesita las tierras de Manchuria. El pueblo no
quería la guerra. Pero el Gobierno de funcionarios le impuso su voluntad y lo
obligó a librar esta guerra vergonzosa, infame y destructora". —Ed.
[4] En la edición de 1905, después de la palabra
"moscas" se había agregado la siguiente nota al pie de página:
"Esta autoridad sin límites, ejercida por los funcionarios, se llama
gobierno burocrático, y los funcionarios son la burocracia". Ed.
[5] En la edición de 1905 se había agregado aquí lo
siguiente: "El Gobierno prometió convocar a los representantes del pueblo
para integrar la Duma de Estado. Pero su promesa fue un engaño más. Lo que el
Gobierno se propone, bajo el pretexto de convocar la Duma, no es reunir a los
auténticos representantes del pueblo, sino a los funcionarios selectos, los
nobles, terratenientes y comerciantes. Los diputados populares deben ser
elegidos libremente, pero el Gobierno no permite las elecciones libres,
clausura los periódicos obreros, prohíbe las reuniones y mítines, persigue a la
Unión Campesinas82, arresta y retiene en la cárcel a los representantes electos
de los campesinos. ¿Acaso puede haber elecciones libres si la policía y los jefes
de los zemstvos continúan burlándose de los obreros y los campesinos?
"Los diputados deben ser elegidos por todo el
pueblo, a fin de que los votos de los nobles, los terratenientes y los
comerciantes no superen a los de los obreros y campesinos. Los nobles y los
comerciantes son miles, los campesinos suman millones. Y tal como la prepara el
Gobierno, la Duma de Estado es una asamblea sin elecciones igualitarias. Las
elecciones que ha fraguado son astutas y darán como resultado que los nobles y
los comerciantes se quedarán con casi todas las bancas, mientras que a los
obreros y campesinos no les tocaría ni un diputado de cada diez. Es una Duma
falsificada, una Duma policíaca; una Duma de funcionarios y señores. Una
auténtica asamblea de diputados populares sólo se logra mediante elecciones
libres, con el sufragio igual, de todo el pueblo. Por eso los obreros
socialdemócratas declaran: ¡Abajo la Duma! ¡Fuera esa asamblea falsificada! ¡Lo
que necesitamos es una asamblea auténtica, libre, con diputados de todo el
pueblo, y no con representantes de los nobles y los comerciantes! ¡Lo que
necesitamos es una Asamblea Constituyente netamente popular, a fin de que el
pueblo imponga ampliamente su voluntad a los funcionarios, y no los
funcionarios al pueblo!" Ed.
[6] En la edición de 1905 después de la palabra
"parlamento" se había incluido la siguiente frase: "En 1903
votaron por los socialdemócratas 3 millones de varones adultos". Ed.
[7] Burgués significa propietario. Burguesía es el
conjunto de los propietarios. Gran burgués es el gran propietario. Pequeño
burgués, el pequeño propietario. Burguesía y proletariado quiere decir lo mismo
que propietarios y obreros, ricos y pobres, los que viven del trabajo ajeno y
los que trabajan para otros por un salario.
[8] La deciatina es una medida agraria rusa equivalente a
1,0925 hectáreas. Ed.
[9] Todas estas cifras acerca de la cantidad de tierras y
las que daremos después son muy anticuadas. Se refieren a los años 1877-1878.
No poseemos, sin embargo, datos más recientes. El
Gobierno ruso sólo puede vivir en las tinieblas, y esto explica por qué en
nuestro país se elaboran tan pocas estadísticas completas y veraces sobre la
vida del pueblo en todo el Estado.
[10] Repetimos una vez más que estas cifras son números
redondos, datos puramente aproximativos. Es posible que los campesinos ricos no
sumen exactamente un millón y medio de familias, sino un millón y cuarto, un
millón y tres cuartos, o incluso dos millones. La diferencia no es grande. Lo
importante no es calcular cada uno de los millares o cientos de miles, sino
comprender con claridad cuál es la fuerza de los campesinos ricos y cuál su
situación, para saber discernir entre los amigos y los enemigos, para no
dejarse engañar con cuentos o palabras vacías, sino conocer con exactitud tanto
la situación de los campesinos pobres como, en especial, la de los ricos.
Cada trabajador del campo debe fijarse bien en lo que
pasa en su subdistrito y en los vecinos. Y comprobará entonces que nuestros
cálculos son exactos; que, por término medio, el resultado es el mismo en todas
partes: de cada cien familias hay unas diez o a lo sumo veinte de campesinos
ricos, unas veinte de campesinos medios, y el resto son campesinos pobres.
[11] Entre nosotros, en Rusia, estos ingenuos que desean
el bien del mujik y, sin embargo, se dejan llevar a veces por estas canciones,
se llaman "populistas" y también "partidarios de la pequeña
hacienda agrícola". Y tras ellos, por sus pocas luces, marchan los
"socialistas-revolucionarios". También en Alemania abunda la gente
melosa. Uno de ellos, Eduard David, escribió no hace mucho un voluminoso libro,
en el que dice que la pequeña hacienda agrícola es incomparablemente más
ventajosa que la grande, ya que el pequeño campesino no tiene gastos superfluos
y no usa caballos para arar, sino que se las arregla con la misma vaca que le
da leche.
[12] Véase al final de este trabajo el Apéndice: Programa
del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, propuesto por el periódico
socialdemócrata Iskra y la revista Zariá.
[13] La frase encerrada entre asteriscos fue sustituida
en la edición de 1905 por la siguiente: "adherirse a la exigencia de que
sea impostergable". -Ed.
[14] En la edición de 1905 se agregó aquí el siguiente
pasaje:
"Ya hemos dicho que la Duma de Estado no es una
auténtica asamblea de deputados del pueblo, sino un engaño de la policía,
porque las elecciones no son iguales (los nobles y los comerciantes son mayoría
en comparación con los campesinos y los obreros), ni tampoco libres; el garrote
de la policía se hace sentir. La Duma no es una asamblea popular de diputados,
es el lugar de reunión policíaca de los nobles y los comerciantes. La Duma de
Estado no se reúne para garantizar la libertad del pueblo y una dirección
ejercida por representantes elegidos por éste, sino para engañar a los obreros
y campesinos, y esclavizarlos más y mejor. El pueblo no necesita una Duma
integrada por funcionarios, sino una Asamblea Constituyente elegida por el voto
igual de todos los ciudadanos".-Ed.
[15] En la edición de 1905 se había agregado aquí el
siguiente texto:
"Los comités campesinos deberán tener el derecho de
confiscar todas las tierras a los terratenientes c propietarios privados en
general, y la asamblea popular de diputados decidirá qué destino se dará a las
tierras que pasen a ser propiedad de todo el pueblo". -Ed.
[16] En la edición de 1905 se habían agregado aquí las
palabras: "y para confiscar toda la tierra a los terratenientes".
-Ed.
[17] En la edición de 1905, el párrafo en bastardilla
había sido sustituido por lo siguiente: "aboliremos la propiedad privada
de la tierra y las fábricas, y estableceremos la sociedad socialista".
-Ed.
[18] En la edición de 1905, aquí se había agregado la
siguiente frase: "La tierra será confiscada a los terratenientes y
entregada en forma equitativa sólo a quienes la trabajan". -Ed.
[19] En la edición de 1905, a continuación se intercala
el siguiente texto: "Los comités campesinos estarán facultados para
confiscar todas las tierras a los terratenientes. Los diputados del pueblo, a
su vez, determinarán cómo se procederá con la tierra del pueblo. Por lo que a
nosotros respecta, debemos bregar para lograr que la sociedad sea socialista,
sin olvidar que mientras impere el poder del dinero, el poder del capital, la
distribución equitativa de la tierra, sea cual fuere la forma en que se
aplique, no librará al pueblo de la miseria".-Ed.